Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) adoptados por la ONU en 2015 aspiran a resolver los principales desafíos mundiales para 2030, como la pobreza, la desigualdad, el cambio climático, la degradación medioambiental, la paz y la justicia. En particular, el ODS 6 consiste en garantizar el acceso al agua y su gestión sostenible, así como el saneamiento para todos.
En un estudio conjunto hecho público en ocasión de la Semana Mundial del Agua 2025 (del 24 al 28 de agosto), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) señalaron una paulatina desviación de la órbita hacia la cobertura global de dichos servicios básicos para 2030. El retraso en la labor de mejora de los servicios de agua, saneamiento e higiene (elementos comúnmente agrupados bajo el término WASH) expone a miles de millones de personas a un mayor riesgo de enfermedades.
Hasta finales de 2024, una de cada cuatro personas no tuvo acceso a agua potable gestionada de forma segura, más de 100 millones seguían dependiendo de agua superficial, proveniente de ríos, estanques y canales; y en 28 países (principalmente en África), más del 25 por ciento de la población carecía de acceso a servicios básicos de agua.
En cuanto al saneamiento, desde 2015, mil 200 millones de personas han logrado acceso a servicios gestionados de manera segura, lo que ha elevado la cobertura del 48 al 58 por ciento. Sin embargo, hasta finales de 2024, tres mil 400 millones de personas seguían sin acceso a instalaciones sanitarias gestionadas de forma segura.
Asimismo, el número de personas que practican la defecación al aire libre ha descendido en 429 millones desde 2015, situándose en 354 millones al cierre del año pasado, equivalentes a un cuarto de la población mundial.
En el período indicado, mil 600 millones de personas obtuvieron servicios básicos de higiene en el hogar (un lugar para lavarse las manos con agua y jabón), con lo que la cobertura aumentó del 66 al 80 por ciento. Aun así, mil 700 millones de personas carecían de servicios básicos de higiene en 2024.
El informe conjunto de la OMS y el Unicef también pone de manifiesto las desigualdades en la consecución de los objetivos relativos al WASH. Las tasas de defecación al aire libre en los países de bajos ingresos son cuatro veces superiores a la media mundial.
En aras de cumplir las metas sobre el WASH, los países de bajos ingresos necesitan multiplicar por siete el acceso a los servicios básicos de agua y por 18 el de saneamiento básico. A la hora de materializar el ODS 6 en cada país, se observa una significativa desigualdad entre las zonas rurales y las urbanas, entre los grupos con mayores ingresos y los más desfavorecidos, entre los distintos grupos étnicos y entre hombres y mujeres.
La directora del Unicef para WASH, Cecilia Scharp, alertó que al ritmo actual, la promesa de agua potable y saneamiento para todos los niños está cada vez más lejos.
El desafío para implementar el ODS 6 y los 17 objetivos en su conjunto sigue siendo enorme. El informe de la ONU sobre los ODS de 2025, publicado en julio pasado, reveló que solo se habían logrado avances en alrededor del 35 por ciento de las metas, que casi la mitad se habían estancado y que se habían producido retrocesos en el 18 por ciento restante. Incluso en cuanto al Objetivo 1, "Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo", se informó de que todavía más de 800 millones de personas (un décimo de la población mundial) sufrían extrema pobreza.
Es igualmente preocupante la tendencia a recortar gravemente el presupuesto de asistencia para el desarrollo, que se distribuye a través de las dependencias de la ONU o directamente a los países pobres. A principios de agosto, las Naciones Unidas solo habían recibido el 17 por ciento de los 46 mil millones de dólares necesarios para cubrir las necesidades humanitarias del año completo.
Las regiones subdesarrolladas se hunden cada vez más en un círculo vicioso de pobreza, atraso, epidemias, degradación ambiental y conflictos. Los refugiados de zonas sumidas en la pobreza y los conflictos, como África y Asia Meridional, siguen confluyendo en las fronteras de Europa y América del Norte.
Para escapar de ese flagelo, la única opción es que todos los países, ante todo los desarrollados, fomenten su responsabilidad con el desarrollo sostenible del mundo, que es también el suyo.