Configurar una nueva estrategia entre la UE y Canadá

Las relaciones entre la Unión Europea (UE) y Canadá entran en una nueva etapa al dejar atrás el clásico intercambio comercial y adoptar un marco de asociación más amplio que abarca la economía, la tecnología, la defensa, la energía y la seguridad de las cadenas de suministro.

En un contexto de creciente competencia estratégica y cambios en las relaciones transatlánticas, la UE y Canadá buscan establecer un modelo de cooperación capaz de reforzar su resiliencia frente a eventuales perturbaciones y de ampliar su autonomía estratégica.

Los indicios de una intensificación de los lazos estratégicos entre la UE y Canadá cobraron fuerza después de que la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, anunciara su intención de construir una "alianza para el futuro", superando los límites del actual Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA). Von der Leyen también abrió la puerta a la posibilidad de que Canadá se convierta en el primer miembro asociado de la UE.

En respuesta, el primer ministro canadiense, Mark Carney, afirmó que su gobierno ha trabajado para elevar las relaciones con la UE mediante la construcción de una alianza que trascienda los vínculos comerciales. Canadá ha dejado claro que no pretende convertirse en miembro pleno de la UE, pero sí estudia un nuevo marco de cooperación que le permita convertirse en su primer miembro asociado.

Las relaciones entre la UE y Canadá se sustentan en bases consolidadas desde hace años. El CETA, aplicado provisionalmente desde 2017, ha vigorizado considerablemente el comercio bilateral. Sin embargo, ante las crecientes transformaciones del escenario mundial y la carrera de las potencias por acceder a minerales estratégicos y mantener la producción en situaciones de crisis, los vínculos entre Canadá y el bloque han experimentado importantes ajustes.

Uno de los principales motores de esta renovada asociación reside en la complementariedad. Canadá dispone de abundantes recursos naturales, incluidos minerales esenciales para la industria de defensa, la transición energética y las tecnologías avanzadas. Por su parte, la UE enfrenta la necesidad imperativa de diversificar sus fuentes de suministro, por lo que el avance hacia una cooperación cada vez más estrecha responde a crecientes presiones y a una competencia cada vez más intensa.

Si los minerales constituyen un insumo esencial, la tecnología puede convertirse en un elemento de cohesión de las relaciones entre la UE y Canadá a largo plazo. Las partes establecieron en 2023 una Asociación Digital, que abarca ámbitos de cooperación como la inteligencia artificial (IA), los semiconductores, las tecnologías cuánticas, la ciberseguridad, la gobernanza de datos y la investigación.

El Consejo de Asociación Digital UE-Canadá ha identificado a la IA, las carteras digitales, la conectividad internacional segura y la seguridad en línea como áreas prioritarias. Ello evidencia que la cooperación tecnológica no solo pretende impulsar el comercio, sino también guarda una estrecha relación con la soberanía tecnológica. La UE busca reducir dependencias tecnológicas que puedan convertirse en riesgos de seguridad, mientras Canadá tiene interés en ampliar sus redes de cooperación tecnológica y científica.

Canadá y la UE se preparan para celebrar negociaciones en Montreal a finales de octubre, con la expectativa de concretar la propuesta de la presidenta de la CE de elevar las relaciones bilaterales al “máximo nivel posible”. Se prevé ña adopción de una serie de acuerdos dirigidos a profundizar la cooperación en ámbitos como el comercio digital, los minerales críticos, la energía, la tecnología y la respuesta a los incendios forestales.

Las partes prevén firmar un acuerdo de comercio digital, intensificar la cooperación entre sus autoridades de competencia y habilitar que el Banco Europeo de Inversiones financie proyectos de minerales críticos en Canadá. También han identificado oportunidades de cooperación para desarrollar cadenas de suministro energético diversificadas y fiables que abarcan el gas natural licuado, las energías renovables, el hidrógeno de bajo contenido en carbono y las tecnologías limpias.

Sustentada en sus complementariedades y en una coordinación eficaz, la UE y Canadá aspiran a consolidar una relación que trascienda el alcance de un acuerdo de libre comercio convencional y evolucione hacia un marco de cooperación significativo en el espacio transatlántico.

Back to top