Francia ha enviado una carta urgente a la Unión Europea para exigir una flexibilización inmediata de las normas que permita aumentar el suministro de diésel y de combustible para aviones. El presidente, Emmanuel Macron, propuso a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aplazar los requisitos de información sobre la calidad del petróleo y el gas importados. Macron advirtió de que los planes de contingencia actuales, como el uso de reservas y el desvío del comercio, se están agotando rápidamente.
Según un informe del gobierno de ese país, aproximadamente el 14 por ciento de las gasolineras francesas ya registran desabastecimiento. Ante este escenario y la persistencia del conflicto en Oriente Medio, el presidente busca que la Unión Europea actúe en bloque para mitigar la escalada de los precios de la energía.
La UE depende en gran medida del combustible de Oriente Medio, que cubre el 36 por ciento del combustible de aviación del bloque y el 18 por ciento del diésel. Además de las medidas para aumentar el suministro, Francia propuso que la UE aplazara hasta el 1 de enero de 2028 la obligación de informar y verificar los niveles de metano en los envíos de petróleo crudo y gas importados.
También se quejó ante la UE de que el suministro energético no ha mejorado, debido principalmente a la pérdida de un suministro barato y abundante procedente de Rusia. Si el estrecho de Ormuz permanece cerrado y el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita sigue bloqueado, el agotamiento de las reservas de ese país de Oriente Medio podría reducir aún más el suministro mundial de crudo en al menos cuatro millones de barriles diarios.
Ante el creciente riesgo de una escasez de suministro, Francia propuso que la CE flexibilizara temporalmente algunas normas de calidad de los combustibles de la UE, como las relativas a la densidad, la volatilidad y la desulfuración, lo que podría ayudar a las refinerías a aumentar la producción entre un 5 y un 20 por ciento. París también sugirió permitir el uso generalizado del diésel B10, con hasta un 10 por ciento de biocombustible, como sustituto del popular B7.
La UE depende en gran medida del combustible de Oriente Medio, que cubre el 36 por ciento del combustible de aviación del bloque y el 18 por ciento del diésel. Además de las medidas para aumentar el suministro, Francia propuso que la UE aplazara hasta el 1 de enero de 2028 la obligación de informar y verificar los niveles de metano en los envíos de petróleo crudo y gas importados.
Antes, la CE propuso aplazar la aplicación de las sanciones económicas relacionadas con esta normativa hasta finales de 2029, pero no había accedido a aplazar la obligación de informar. París también sugirió que la CE considerara ampliar el mecanismo de adquisición de gas de la UE para incluir el diésel y el combustible de aviación a fin de mejorar la coordinación y garantizar el suministro. En respuesta, la CE declaró que el riesgo de escasez de combustible en los Estados miembros es una prioridad absoluta y que el asunto será tratado próximamente.
Más allá de la preocupación por la escasez de petróleo y gas, la CE también está el problema de la electricidad. La CE redactó una resolución dirigida a aumentar su capacidad de intervención en la prevención de apagones y la garantía del suministro energético. Según el borrador, la CE tiene derecho a declarar el estado de emergencia eléctrica a nivel regional o de la UE si percibe un riesgo de crisis. También, solicitar a los Estados miembros que implementen medidas para reducir el consumo de electricidad.
La CE procura lograr la unidad entre los Estados miembros para responder a la crisis y evitar la aplicación de medidas aisladas que restrinjan el flujo transfronterizo de electricidad o gas. Lo cierto es que sin coordinación, el riesgo de escasez energética se agravará aún más.
El paquete propuesto por la CE se basa en las lecciones que dejó la crisis energética de 2022-2023. La propuesta otorgaría a la CE un papel más importante en la coordinación y gestión de las emergencias energéticas con el objetivo de limitar las repercusiones de los incidentes y garantizar la seguridad del suministro en toda la UE. Esto es crucial dado el impulso de la UE hacia la electrificación y la creciente dependencia de las energías renovables, que se ven fuertemente afectadas por las actuales condiciones meteorológicas impredecibles.