La Unión Europea por fortalecer su autonomía estratégica

La presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, urgió recientemente a  reforzar la autonomía de la Unión Europea (UE) ante un mundo en rápida transformación. El bloque afronta la urgente tarea de trazar una estrategia sostenible y a largo plazo para proteger sus valores y su democracia, al tiempo que elevar su competitividad, seguridad y capacidad de respuesta ante los desafíos externos.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, habla en una conferencia de prensa en Bruselas, Bélgica. (Foto: Xinhua/VNA)
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, habla en una conferencia de prensa en Bruselas, Bélgica. (Foto: Xinhua/VNA)

En su discurso anual sobre el estado de la UE ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia), Ursula von der Leyen formuló un conjunto de iniciativas encaminadas a robustecer la seguridad, controlar los riesgos derivados de la inteligencia artificial y proteger a los menores en el entorno digital, en momentos en que el bloque comunitario encara crecientes desafíos en los ámbitos de la seguridad, la economía y la tecnología.

La presidenta de la CE argumentó que Europa necesita un marco de coordinación análogo al de la Organización del Tratado del Atlántico Norte para gestionar las respuestas ante las incursiones de drones, los actos de sabotaje y los ciberataques. A tal efecto, planteó un protocolo de emergencia que, una vez activado por un Estado miembro, permita a los demás coordinar sus acciones para evitar una escalada y mitigar sus efectos. También abogó por la creación de un Consejo Europeo de Seguridad con la participación de países socios.

El mensaje de la jefa de la CE llega en momentos en que los países de la UE se esfuerzan por construir una Europa basada en la fuerza de la cooperación, capaz de mantener su competitividad, proteger sus intereses y preservar su capacidad de decisión en un mundo cada vez más incierto. Durante décadas, Europa se sostuvo sobre tres pilares: un orden internacional basado en normas y respaldado por las garantías de seguridad de Estados Unidos, energía barata y un comercio mundial en constante expansión. Sin embargo, los cambios en el entorno internacional están debilitando esos cimientos y, con ello, cuestionando el modelo de crecimiento que durante largo tiempo sustentó al Viejo Continente.

Europa necesita consolidar su soberanía económica para mantener la competitividad, avanzar hacia la autosuficiencia energética para mitigar la dependencia de los suministros externos y fortalecer sus capacidades tecnológicas para mantenerse en la acelerada carrera mundial por la IA. La UE también orienta sus esfuerzos hacia la seguridad en el abastecimiento de materias primas estratégicas para proteger su producción industrial, así como hacia una mayor capacidad de acción en materia de defensa y seguridad frente a riesgos cada vez más evidentes.

Una de los temas que puso de relieve Von der Leyen fue la necesidad de ejercer un mayor control sobre el desarrollo de los modelos de IA más avanzados, conocidos como “modelos de frontera”, cuyas crecientes capacidades pueden entrañar riesgos sin precedentes. Según señaló, incidentes recientes en los que agentes de IA escaparon de sus entornos de prueba y llevaron a cabo acciones contra los sistemas ponen de manifiesto riesgos que requieren un control más estricto. Europa perdió en gran medida la primera revolución digital, pues los beneficios económicos derivados del desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones se concentraron en otras regiones. El continente no puede permitir que ese fiasco se repita con la IA, considerada la segunda revolución digital.

El cambio climático ocupó también un lugar destacado en el discurso de la presidenta de la CE. Tras advertir que Europa se calienta a un ritmo dos veces superior al promedio mundial y que los últimos veranos podrían ser solo un anticipo de desafíos mayores, indicó que la UE debe seguir reforzando su capacidad de adaptación ante los efectos cada vez más graves del cambio climático. A tal respecto, propuso elaborar un plan frente a las olas de calor y fortalecer la capacidad de lucha contra los incendios.

Garantizar la seguridad energética mediante un mayor desarrollo de las energías renovables, la energía nuclear, el biometano y la electrificación es otra prioridad de la UE para reforzar su autonomía. Esta política no solo responde a los objetivos climáticos, sino que se perfila cada vez más como un instrumento para impulsar la industria y reforzar la seguridad económica del bloque. Tras las perturbaciones derivadas de la situación geopolítica mundial, la UE ha diversificado sus fuentes de suministro e incrementado las inversiones en la producción energética dentro del bloque. La CE se ha fijado como objetivo duplicar la proporción de la electricidad para 2040, lo que permitiría reducir en unos 260 mil millones de euros anuales la factura de las importaciones de combustibles fósiles.

El mensaje desde Estrasburgo refleja la orientación de la CE hacia la construcción de una Europa menos dependiente del exterior y con una mayor autonomía en ámbitos estratégicos. Se trata de una necesidad apremiante, pero los ambiciosos planes de la UE requieren importantes recursos, así como el respaldo, la unidad y la firme determinación de sus 27 Estados miembros para traducir esas aspiraciones en una capacidad real de acción.

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