Frente a las crecientes exigencias de garantizar el suministro eléctrico, mitigar la dependencia de los combustibles fósiles y cumplir los objetivos climáticos, la energía nuclear se ha consolidado como una alternativa estratégica para muchos países, amén de mantener la seguridad energética, vital para la economía.
En su mensaje a la 70ª Sesión Ordinaria de la Conferencia General del OIEA, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, destacó que el mundo está en el umbral de una revolución en el campo de la energía nuclear, al punto que esta podría triplicarse hacia 2060.
El reciente impulso de la energía atómica supone un cambio radical en el desarrollo de la energía nuclear. Históricamente, tras una serie de incidentes como el de Chernóbil en 1986, el de Three Mile Island en Estados Unidos en 1979 y el de Fukushima en Japón en 2011, la construcción de centrales nucleares a nivel mundial prácticamente se paralizó. Durante muchos años, la comunidad internacional mantuvo una actitud bastante cautelosa sobre este tipo de energía e incluso llegó a rechazarla. Ha sido solo hace poco cuando ha experimentado un fuerte resurgimiento.
Países como Serbia, Italia y Japón están considerando revertir sus políticas y reactivar la energía nuclear teniendo en cuenta que ahora las centrales se construyen con tecnologías cada vez más avanzadas, lo que garantiza la seguridad y emisiones prácticamente nulas.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, admitió que la Unión Europea había cometido un “error estratégico” al abandonar la energía nuclear y dejar al bloque dependiente de la importación de costosos combustibles fósiles, para peor, en medio de la tendencia alcista del mercado energético.
Los expertos creen que el resurgimiento de la energía nuclear responde a una conjunción de factores. Ante todo, es fundamental la necesidad de autosuficiencia energética en medio de un volátil entorno internacional.
La crisis en Oriente Medio ha puesto de manifiesto preocupantes vulnerabilidades en el sistema energético mundial y en muchos países en particular. Ante la interrupción del flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz, muchas naciones se han visto forzadas a adoptar una postura defensiva, mientras los precios de las materias primas se disparan y ejercen una gran presión sobre la producción y la vida de las personas.
La dependencia de los combustibles fósiles deja a las economías en una posición precaria y de alta vulnerabilidad frente a los conflictos geopolíticos. En ese contexto, el desarrollo de la energía nuclear se considera una solución estratégica a largo plazo, que diversifica las fuentes de suministro y contribuye a crear una “línea de defensa” para la economía.
La energía nuclear también es una herramienta eficaz para paliar la escasez de electricidad derivada del desarrollo de la inteligencia artificial (IA). El director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Fatih Birol, considera que esa tecnología es ya indispensable para garantizar la seguridad energética mundial.
Según la AIE, en 2025 la demanda de electricidad de los centros de datos de IA globales aumentó 17 por ciento y se prevé que siga creciendo a un ritmo acelerado, con la consecuente presión sobre la infraestructura energética de los países.
Gracias a su alta capacidad, funcionamiento estable, independencia de las condiciones climáticas y mínimo impacto en las fluctuaciones del precio del combustible, la energía nuclear puede contribuir a garantizar un suministro estable y abundante para las insaciables máquinas de la IA.
Además, la energía nuclear es una fuente de energía de bajas emisiones, lo que ayuda a los países a cumplir sus compromisos de neutralidad de carbono y a encarar el cambio climático. Según los expertos, cada año la energía nuclear podría reducir en miles de millones de toneladas las emisiones de CO2 al medio ambiente.
La energía nuclear no solo podría surtir de energía a las industrias y garantizar la seguridad energética, sino también es una opción estratégica para conducir el sistema energético hacia la modernización y desarrollar un modelo de crecimiento verde y bajo en carbono.
Sin embargo, su despliegue a nivel mundial, especialmente en los países en desarrollo, enfrenta grandes desafíos. Según el OIEA, la energía nuclear solo aportó el 8,4 por ciento de la producción mundial de electricidad en 2025. Para aumentar ese indicador, los países deben solucionar complejos problemas relacionados con el combustible, la financiación, el personal cualificado, la tecnología, las cadenas de suministro y las normas de seguridad.
El director general del OIEA, Rafael Grossi, llamó a la comunidad internacional a crear un entorno equitativo que permita a todas las naciones beneficiarse de los avances de la tecnología nuclear y disponer de un suministro eléctrico sostenible para el desarrollo.