A pesar de verse severamente vulnerada por los conflictos, las catástrofes naturales y la pobreza, de cara a los retos sanitarios África viene demostrando una resiliencia reconocida internacionalmente. Este desempeño ha sido ponderado por especialistas como Mohamed Janabi, director regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el continente.
En la 76ª reunión del Comité Regional de la OMS para África, efectuada a finales de agosto último, Janabi calificó de alentador el progreso de la región y encomió especialmente la contención del brote de la enfermedad por el virus de Marburgo en Etiopía. La neutralización del flagelo, en solo 90 días, valida la capacidad del sistema nacional de salud en la detección, el control y la lucha contra pandemias.
Estadísticas de la OMS igualmente ponen de manifiesto la determinación africana de lidiar con los desafíos y fortalecer la resiliencia sanitaria. Más de 18 millones de niños sin acceso a sus dosis de rutina las recibieron. Unas 21 millones 700 mil personas con VIH están bajo tratamiento, y la cobertura del tratamiento contra la tuberculosis alcanza hasta el 74 por ciento.
A finales de julio último el Banco Africano de Desarrollo concedió un préstamo de 15 millones de dólares al Instituto de Productos Biológicos y Vacunas de Sudáfrica para construir una planta de producción de vacunas. Se trata de un punto de inflexión para el continente en el camino hacia una menor dependencia de las vacunas importadas. A través del proyecto, África va consolidando su paso hacia una integración activa en las cadenas de suministro globales.
La historia del Covid-19 dejó al desnudo una paradoja: los países ricos, sedes de la mayoría de los emporios farmacéuticos, tenían hasta de sobra vacunas y otros medicamentos, mientras África se quedaba rezagada en materia de inmunización. La lección sobre la necesidad de independizarse en materia de provisiones médicas sigue vigente.
A medida que el ébola se ensaña en la República Democrática del Congo y pone en alto riesgo a otros países vecinos, crecen los pedidos de apoyo financiero internacional para la producción autónoma de vacunas en África. Cubrir el 60 por ciento de la demanda continental es la meta que se ha fijado la Unión Africana para 2040, con miras a acabar con la excesiva dependencia de suministros externos.
Levantar fábricas de vacunas solo marca el primer paso de un camino plagado de adversidades para asegurar la soberanía sanitaria. Manejarlas con eficacia requeriría un esfuerzo aún mayor, ya que África arrastra problemas crónicos muy graves, como la falta de personal médico, la escasez de pericia y la ausencia de inversiones a largo plazo destinadas a la investigación y la producción.
Los países africanos destinaron alrededor de 163 mil millones de dólares para saldar la deuda externa en 2024. Más de la mitad de ellos gastan más en pagar los intereses que en financiar sus presupuestos de salud. En la República Democrática del Congo, la lucha contra el ébola ha quedado interrumpida por varias huelgas de trabajadores sanitarios, quienes reclamaban sus salarios atrasados y denunciaban precarias condiciones laborales.
Ante ese panorama, la OMS ha ido trazando una estrategia financiera que permita al continente reducir la dependencia de la ayuda externa y transitar hacia sistemas de salud sustentados mediante la movilización de recursos propios y presupuestos nacionales.
Si bien es fundamental desbloquear el potencial africano de soberanía sanitaria, se requerirá un constante y aunado esfuerzo de la comunidad internacional para convertir las expectativas en realidad.