La hoja de ruta para la paz en la Franja de Gaza, que consta de 15 puntos, fue calificada por el presidente estadounidense, Donald Trump, como un “acuerdo histórico”.
Según la hoja de ruta, la gestión civil de Gaza pasará a manos del Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG). El plan estipula que tanto Hamás como las demás facciones armadas palestinas se desarmarán por etapas, proceso que se llevará a cabo en paralelo a la retirada progresiva de las tropas israelíes de la franja.
El plan llama la atención porque evita la entrega de armas de Hamás a Israel. En su lugar, las armas se almacenarán de forma segura bajo la supervisión directa del Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG).
La aceptación en principio de este plan por parte de Hamás marca un paso de concesión de carácter histórico, ya que el movimiento islamista había rechazado en numerosas ocasiones las exigencias de desarme.
Paradójicamente, el plan de desarme de Hamás se ha visto obstaculizado precisamente por Israel, uno de los principales aliados de Estados Unidos en Oriente Medio. El 9 de agosto, Tel Aviv anunció su rechazo al plan y advirtió de que no retirará sus fuerzas de Gaza hasta que Hamás se desarme por completo.
Hamás, desde luego, también rechaza la posibilidad de un desarme unilateral antes de que Israel ponga fin a sus operaciones militares y se retire de Gaza.
Así pues, la pregunta del millón, y al mismo tiempo el principal obstáculo para la resolución del conflicto, es quién deberá actuar primero: ¿Hamás debe desarmarse o Israel debe retirar sus tropas de Gaza?
Israel tiene razones para exigir que Hamás entregue sus armas antes. En primer lugar, la presión política interna aumenta a medida que se acercan las elecciones generales de Israel, previstas para octubre de 2026. Adoptar medidas de concesión en relación con Gaza podría ser una jugada arriesgada para el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y ponerlo ante el riesgo de perder el poder.
En segundo lugar, a Israel le resulta difícil aceptar el riesgo de retirar sus tropas y tener que lidiar después con una posible reorganización de las fuerzas de Hamás.
Otro asunto que genera dudas entre la opinión pública es la administración de Gaza.
Después de casi tres años de conflicto en la Franja de Gaza, las negociaciones han pasado gradualmente del intercambio de rehenes, la apertura de corredores de ayuda humanitaria y la reducción de la violencia a cuestiones relacionadas con la administración y la reconstrucción de la zona en la etapa de posguerra.
Según el plan, todas las funciones administrativas y de seguridad en Gaza serán transferidas al NCAG, un nuevo organismo administrativo palestino que operará de manera independiente durante el período de transición.
Sin embargo, sigue siendo una gran incógnita si esta estructura de gestión podrá demostrar su capacidad para administrar el territorio y mantener la seguridad en unas condiciones complejas, evitando así posibles vacíos de seguridad en el período de posguerra.
Para los palestinos de Gaza y la comunidad internacional, aunque aún quedan muchos problemas por resolver, la hoja de ruta de paz anunciada por el presidente Donald Trump ha encendido una tenue esperanza de que la población pueda reconstruir su vida después de años de conflicto y violencia.
Organismos de las Naciones Unidas han advertido de que al menos 300 niños han muerto en la Franja de Gaza en los últimos 300 días, desde que entró en vigor el acuerdo de alto el fuego entre las fuerzas de Hamás y las Fuerzas de Defensa de Israel en octubre de 2025.
Según los medios de comunicación de la región, la reconstrucción de Gaza requerirá unos 71,4 mil millones de dólares durante la próxima década. Entre las expectativas sobre la hoja de ruta de paz y su ejecución todavía existe una gran brecha.
Washington tiene fuertes incentivos para impulsar la hoja de ruta para la Franja de Gaza, ya que esta iniciativa lleva la marcada impronta de la política exterior del presidente Donald Trump, así como de Estados Unidos en su conjunto.
Sin embargo, para que las partes puedan alcanzar un acuerdo sobre un plan integral y sostenible, será necesario garantizar un equilibrio entre sus intereses, ya que ninguna de ellas está dispuesta a asumir riesgos en el “tablero de ajedrez” de la Franja de Gaza, estrechamente ligado a sus respectivos intereses estratégicos.
Por ello, las perspectivas de paz para la Franja de Gaza siguen siendo muy frágiles.