Carney destacó que los dos gobiernos siguen en contacto permanente y aseguró que Canadá está plenamente dispuesto a alcanzar un acuerdo comercial favorable para ambas partes.
En medio de los fuertes desencuentros comerciales, el jefe del Gobierno canadiense afirmó no tener intenciones de escalar la disputa, pero acotó que tampoco puede actuar contra los intereses de su nación.
Estados Unidos también ha enviado señales de compromiso para rebajar las tensiones comerciales con Canadá.
En el nuevo paquete de medidas comerciales dirigido contra Ottawa, Washington dejó fuera algunas de las represalias más severas, aplazó la entrada en vigor de determinados aranceles y retiró algunos gravámenes políticamente sensibles.
En un movimiento totalmente inesperado, la Casa Blanca dio una tregua sorpresa al posponer hasta los primeros meses de 2027 el temido golpe a la industria automotriz y al retirar el polémico impuesto del 50 % anunciado hace dos semanas para artículos esenciales del día a día, como la sal, el cemento y el papel higiénico.
El presidente Donald Trump había anunciado que elevaría del 25 al 50 por ciento los aranceles sobre los automóviles importados de Canadá. Según analistas, esta es la medida de mayor impacto adoptada contra Ottawa en el ámbito comercial.
Además, las prohibiciones de importación contarán con un periodo de gracia de tres semanas antes de entrar en vigor, lo que dará a ambos países tiempo y oportunidades para volver a la mesa de negociaciones.
Un alto funcionario de la Administración estadounidense reveló que ambas partes han mantenido conversaciones constructivas y que las negociaciones seguirán avanzando en los próximos días.
Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y Canadá estallaron en julio de 2026, cuando el presidente Trump amenazó con imponer aranceles del 50 por ciento a determinados productos canadienses, lo que obligó a las autoridades de ambos países a iniciar negociaciones urgentes.
Aunque las partes estuvieron a punto de alcanzar un acuerdo marco para reducir los aranceles sobre los metales y los automóviles, las negociaciones terminaron fracasando, para decepción de los ciudadanos de ambos países.
Como consecuencia, el arancel del 50 por ciento sobre mercancías canadienses -por valor de miles de millones de dólares- entró en vigor a finales de agosto. Washington justificó la medida alegando que Ottawa había discriminado productos e intereses comerciales estadounidenses.
No contento con ello, el presidente Trump ordenó a la Administración de Servicios Generales coordinarse con la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos para excluir los productos de origen canadiense de la lista de compras del Gobierno federal.
Esta medida complicará del acceso de las empresas canadienses a los contratos públicos del Gobierno estadounidense. En respuesta, Ottawa impuso de forma simultánea gravámenes sobre cientos de productos estadounidenses a partir del 8 de septiembre.
Canadá ha impuesto aranceles de represalia a unos 27,6 mil millones de dólares en productos estadounidenses, con tasas del 15 al 50 por ciento.
El primer ministro Carney reconoció que la economía canadiense afrontará grandes pérdidas debido a las tensiones comerciales con Estados Unidos, pero se opone firmemente a cualquier acuerdo que pueda perjudicar a largo plazo a la economía del país.
En este sentido, instó a dar prioridad al consumo de productos nacionales y al turismo interno para superar la crisis comercial con Estados Unidos.
El comercio entre Estados Unidos y Canadá fue de 880 mil millones de dólares en 2025. Si no se producen avances decisivos en las negociaciones, existe el riesgo de que sus relaciones comerciales sufran un deterioro acelerado.
Expertos de ambas naciones han invocado a las partes a dialogar con espíritu constructivo para rebajar las tensiones comerciales, en beneficio de los ciudadanos de los dos países y de la estabilidad regional y mundial.