Carrera presidencial en Brasil arranca marcada por una profunda polarización ideológica.

Con el inicio de las campañas proselitistas del mandatario en ejercicio, Luiz Inácio Lula da Silva, y del senador Flávio Bolsonaro, Brasil entra en una etapa de alta tensión política.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. (Foto: VNA)
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. (Foto: VNA)

Más que una carrera por la jefatura del Estado, se trata de un enfrentamiento visceral entre dos corrientes políticas adversarias. La pugna electoral refleja la profunda polarización existente en la sociedad de la nación más grande de América del Sur.

Esta campaña representa el esfuerzo de Lula da Silva, líder del Partido de los Trabajadores, por conquistar un cuarto mandato.

A sus 80 años, el mandatario se presenta como un avezado político de izquierda, y centra su propuesta en la reconstrucción social, la salvaguardia de la Amazonía, el fomento del bienestar social y la lucha contra la pobreza.

Mientras, la inhabilitación y las sanciones legales contra el expresidente Jair Bolsonaro para disputar las elecciones han llevado a su hijo Flávio, de 45 años, a postularse por el Partido Liberal como abanderado del bolsonarismo. Esta línea agrupa a sectores conservadores de derecha que propugnan la familia tradicional, el liberalismo y un orden punitivo de mano dura contra el delito, además de mantener una fuerte influencia entre los grandes terratenientes y las comunidades judías/protestantes.

Lula da Silva arranca en punta la contienda electoral, ya que como presidente en funciones puede actuar con mayor proactividad en la gestión de políticas y sacar provecho de un prestigio internacional consolidado tras múltiples esfuerzos diplomáticos.

Las mayores debilidades del veterano mandatario provienen de su edad, de la desaceleración económica y de la fuerte oposición de la clase media y las prósperas regiones del sur del país.

Además, encargarse de una coalición muy variopinta, que abarca desde la izquierda tradicional hasta el centroderecha, pide una transigencia constante, lo cual tiende a debilitar el carácter transformador de sus políticas.

Bolsonaro, en tanto, hereda de su padre una amplia base de votantes fieles, así como cuenta con un enérgico respaldo financiero y mediático por parte de corporaciones agrícolas y medios de comunicación conservadores.

Pero también encara la presión de salir de la sombra del predecesor y de atraer a los votantes moderados, desgastados por las tensiones políticas. Al mismo tiempo, le quedan pendientes pesquisas jurídicas y controversias dentro de la derecha.

De cara a los comicios del 4 de octubre, ambos candidatos eligieron bastiones geopolíticos conocidos para lanzar sus mítines electorales.

Al dirigirse el 16 de agosto a unos 40 mil simpatizantes en la ciudad de São Bernardo do Campo, estado de São Paulo, Lula da Silva reivindicó el papel de las mujeres, quienes representan el 53 por ciento de los 158 millones de electores en la mayor economía de América Latina y el factor decisivo para su ajustada victoria en 2022.

El líder de izquierda exhortó a enaltecer la igualdad de género y aseveró que los hombres deben ser educados desde temprana edad en igualdad con las mujeres.

Al acto convocado el mismo día por su rival en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, asistieron unas nueve mil personas. El senador prometió sacar a Brasil de la corrupción, la violencia, la escalada de precios de los alimentos y la creciente deuda pública.

Reiteró igualmente su determinación a proteger a las mujeres y a castigar debidamente los abusos contra mujeres y niños, con el fin de ganarse al público femenino.

Según una reciente encuesta de la firma Quaest, Lula da Silva obtiene el 43 por ciento de las intenciones de voto frente al 40 de Bolsonaro.

El arranque de la campaña pone de manifiesto la intensa polarización de la política brasileña.

El país se encuentra prácticamente dividido en dos visiones irreconciliables. La marginación de los partidos moderados ha generado un clima político de altas temperaturas.

Los acontecimientos del 16 de agosto no solo marcaron el inicio de la carrera presidencial, sino que también supusieron un importante desafío para la democracia brasileña.

Los resultados electorales determinarán si Brasil continuará sus sendas de integración y enfoque social bajo el timoneo de Lula da Silva, o si regresará al populismo conservador de los Bolsonaro.

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