La carrera de la inteligencia artificial y el desafío de la gobernanza global

La inteligencia artificial (IA) lidera los debates   mundiales debido a que sus modelos están escapando del control humano. El tema que suscita mayor interés ya no se limita a los beneficios que puede aportar o a su potencial de crecimiento, sino a cómo garantizar que la regulación y mitigación de riesgos evolucionen a la par que la tecnología.

Clientes prueban unas gafas inteligentes en una tienda de la ciudad de Shenzhen, provincia china de Guangdong. (Foto: Xinhua)
Clientes prueban unas gafas inteligentes en una tienda de la ciudad de Shenzhen, provincia china de Guangdong. (Foto: Xinhua)

La agenda del 81º Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas evidenció la especial atención que dedican los países al tema.

El presidente del organismo internacional, Khalilur Rahman, señaló que si hace cuatro años solo cinco delegaciones habían planteado la cuestión de la IA ante la Asamblea General, este año lo hicieron 128, con numerosas preguntas relacionadas con el control y la rendición de cuentas sobre el desarrollo de esa avanzada tecnología.

Ello demuestra que las preocupaciones por los riesgos asociados al trepidante desarrollo de la IA no pueden ser ignoradas. Paradójicamente, hasta las grandes empresas que encabezan la carrera por crear nuevos modelos están pidiendo atemperar el ritmo y reforzar las medidas de seguridad.

Más allá de los llamamientos, la empresa OpenAI confirmó que no lanzaría su último modelo de IA después de que pruebas internas revelaran que no cumplía los estándares de seguridad establecidos.

La IA dejó de ser un simple asunto tecnológico porque conlleva importantes repercusiones para la paz y la seguridad mundiales. Tampoco es un problema particular de un país,sino un desafío para la gobernanza global que plantea cuestiones como: ¿quién diseña la tecnología?, ¿quién se beneficia?, ¿quién asume los riesgos y quién será responsable cuando se produzcan daños?

Cada vez son más los llamados a establecer un marco mundial para manejar los riesgos asociados a la IA, pero acordar las “reglas del juego” no es sencillo. Algunos consideran que unos mecanismos globales vinculantes podrían desacelerar el desarrollo y la innovación.

Otra dificultad se deriva de las diferencias entre los gobiernos respecto a la manera de regular la IA, dado que su desarrollo está estrechamente relacionado con ventajas competitivas en los ámbitos tecnológico y económico.

Considerado uno de los principales centros mundiales de desarrollo de la IA, Estados Unidos se inclina por limitar las regulaciones legales vinculantes para el sector tecnológico y deposita mayores expectativas en la capacidad de autorregulación de las empresas.

Las compañías tecnológicas también encaran un difícil dilema. Los productos avanzados de IA son considerados estratégicos y una auténtica “gallina de los huevos de oro”. Si una de ellas ralentiza el desarrollo de la IA y sus competidores lo aceleran, estará condenada a perder su posición en el mercado.

Mientras persistan diferencias entre los países y las empresas tecnológicas en términos de intereses económicos, seguridad tecnológica y nivel de desarrollo, elaborar normas comunes para la gobernanza mundial de la IA será una tarea difícil.

La carrera mundial en este terreno entra en una etapa en la que las grandes firmas están prestando mayor atención al control del ritmo de desarrollo y a los riesgos.

El futuro no solo dependerá de los laboratorios, sino también de la coordinación de las acciones y de la responsabilidad de los gobiernos, los organismos reguladores y las empresas para adoptar medidas de gobernanza que, sin frenar la innovación y el desarrollo, tampoco relajen el control de riesgos.

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