Sudán aún no está en paz

La intensificación de los combates en múltiples frentes en Sudán está reconfigurando el mapa de control territorial entre las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF), los grupos opositores, las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) y el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán-Norte (SPLM-N). La escalada bélica mantiene a la población civil atrapada en medio del fuego cruzado.

Lugar del ataque contra un mercado en Omdurman, Sudán. (Foto: Xinhua/VNA)
Lugar del ataque contra un mercado en Omdurman, Sudán. (Foto: Xinhua/VNA)

Solo en la última quincena en Sudán se han registrado 55 encarnizados enfrentamientos terrestres, principalmente en Kordofán del Norte y el Nilo Azul. Mientras las SAF controlan la red de rutas de transporte estratégicas en Kordofán del Norte, las RSF amplían su presencia en el Nilo Azul, por lo que dominan casi toda la zona fronteriza entre Sudán y Etiopía. Las hostilidades siguen activas en Darfur del Norte, en la zona de Um Buru, al oeste de El Fasher, y en Darfur Occidental, a solo unos siete kilómetros de la frontera con Chad.

La dinámica del conflicto en Sudán se vuelve más compleja en medio de los intentos del general Abdel Fattah al-Burhan, comandante en jefe de las SAF, por abrir un diálogo político para establecer un Gobierno y un consejo legislativo en las zonas controladas por el ejército. Mientras tanto, las RSF tratan de boicotear ese plan aumentando sus actividades militares en Kordofán del Norte y el Nilo Azul.

Ante la fuerte resistencia de las RSF y el SPLM-N, las SAF han desplegado una fuerza de élite en el eje operativo de Bakori, en el estado de Nilo Azul. La intención de la 4ª División de Infantería es mantener el control de las rutas de acceso desde Etiopía y proteger los centros de población y militares en Nilo Azul para impedir que el conflicto se extienda hacia el este.

El Nilo Azul es una de las zonas de importancia estratégica debido a su proximidad a Etiopía y porque conecta con las zonas del sur y sureste de Sudán. Ese, junto con Darfur y los tres estados de Kordofán del Norte, Kordofán Occidental y Kordofán del Sur, continúa siendo uno de los principales escenarios de enfrentamientos entre las SAF y las RSF.

El general de división Ismail al-Tayeb Hussein, comandante de la 4ª División de Infantería, subrayó el imperativo de mantener la preparación combativa, la disciplina y la capacidad de las fuerzas de refuerzo. El despliegue de más soldados por parte de las SAF se llevó a cabo con urgencia después de que las RSF lanzaran una contraofensiva y tomaran las bases militares de Bakori y Sarkam, al sureste de Damazin. La pérdida de esos enclaves estratégicos ejerce una presión adicional sobre las SAF en el sureste de Sudán porque facilitaría que las RSF y sus aliados amplíen el espacio de operaciones.

Los observadores consideran que la escalada de los combates en Sudán se debe al suministro externo de armas. Las RSF incluso están equipadas con drones capaces de realizar ataques de precisión y avanzados equipos de interferencia electrónica, lo que le proporciona una apreciable ventaja. Se cree que las SAF también han recibido más armas modernas, aviones de combate, vehículos blindados y armamento pesado.

Ante el empeoramiento de la situación, la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS) expresó su enérgico rechazo a los ataques de grupos armados en el estado de Warrap, que dejaron más de 110 civiles muertos y heridos. Las ofensivas perpetradas contra dos comunidades del condado de Tonj Norte desencadenaron una oleada masiva de desplazamientos y provocaron graves saqueos de bienes. El jefe interino de la UNMISS, Graham Maitland, expresó su decepción por el hecho de que el conflicto ha causado enormes pérdidas a la población local.

En ese contexto, la UNMISS desplegó urgentemente un equipo de patrulla de las fuerzas internacionales de mantenimiento de la paz en los puntos críticos. Los cascos azules evalúan la situación de seguridad, investigan las violaciones de los derechos humanos y tratan de impedir que el conflicto vuelva a estallar. La UNMISS también ha coordinado con las autoridades locales para calmar las tensiones, y pedido a los organismos competentes que refuercen la seguridad de la zona y traten con rigor a los infractores.

La población civil sigue sufriendo el mayor impacto del conflicto sudanés. Según la Organización Internacional para las Migraciones, los enfrentamientos en Geisan y Kurmuk han provocado el desplazamiento forzado de más de 14 mil personas. Muchas tienen que cruzar el río Nilo en precarias embarcaciones de madera o transitar por rutas peligrosas que sufren frecuentes saqueos. Algunas se ven obligadas a regresar a localidades destruidas porque ya no encuentran ningún lugar seguro adonde ir.

Los analistas advierten de que la guerra civil en Sudán está provocando un colapso militar, político y humanitario sin precedentes, abriendo una profunda herida en el país que tardará generaciones en sanar.

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