La declaración del ministro Santoso, formulada al margen de la Reunión de Ministros de Comercio de los BRICS, celebrada el 7 de agosto en Jaipur, India, refleja un enfoque pragmático ante un panorama geoeconómico mundial en rápida transformación, orientado hacia el fortalecimiento de la cooperación Sur-Sur y la diversificación de mercados.
Las negociaciones para un Acuerdo Integral de Asociación Económica (CEPA) entre Indonesia y Mercosur se habían estancado debido a las diferentes posiciones de los Estados miembros del bloque sudamericano (Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia).
El CEPA es un acuerdo de nueva generación que exige una amplia gama de compromisos, desde desgravaciones arancelarias sustanciales y la apertura de los mercados de servicios e inversiones hasta disposiciones sobre medidas no arancelarias y normas laborales y ambientales. Debido a que las economías sudamericanas avanzan a ritmos diferentes, se prolonga la búsqueda de un consenso dentro del bloque. Por ello, la propuesta de limitar inicialmente el alcance a un ACP demuestra la flexibilidad diplomática de Indonesia.
En lugar de quedar atrapados en un tratado integral de difícil concreción a corto plazo, la ACP se centra en la desgravación arancelaria para determinados productos estratégicos. Se trata de un modelo de “cosecha temprana” que permitiría a ambas partes ganar confianza mutua y crear flujos comerciales concretos antes de avanzar hacia niveles más elevados de integración económica.
Las relaciones comerciales entre Indonesia y Brasil -la mayor economía de Mercosur- están creciendo a un ritmo significativo. En 2025 el comercio bilateral alcanzó los siete mil millones de dólares, mientras en el primer semestre de 2026 superó los tres mil 530 millones. Sin embargo, todavía existe un amplio margen para profundizar la cooperación dada la clara complementariedad de las estructuras comerciales de ambos países.
Indonesia exporta a Brasil aceites vegetales, especialmente de palma, además de autopartes, maquinaria y equipos electrónicos, productos de caucho y combustibles minerales. Por su parte, Brasil exporta a Indonesia productos industriales y alimentarios, azúcar, algodón, tabaco, minerales metálicos e insumos destinados a los sectores agrícola y ganadero.
El ACP está orientado a reducir o eliminar las barreras arancelarias aplicadas a esos productos. Una vez reducidas, los costos de las cadenas de suministro de ambas economías podrían disminuir significativamente.
Las perspectivas de un ACP entre Indonesia y Mercosur son amplias, pero su materialización enfrenta importantes obstáculos. En primer lugar, será necesario alcanzar un consenso dentro del bloque. Brasil deberá convencer a otros miembros, como Argentina y Paraguay, de aceptar el marco de negociación. Las diferencias en las prioridades económicas nacionales han sido durante mucho tiempo uno de los principales desafíos para Mercosur.
El ACP está orientado a reducir o eliminar las barreras arancelarias aplicadas a esos productos. Una vez reducidas, los costos de las cadenas de suministro de ambas economías podrían disminuir significativamente.
A ello se suman las grandes distancias geográficas y los elevados costos logísticos. Las rutas marítimas entre el Sudeste Asiático y Sudamérica son más largas y costosas que las intra-asiáticas o transpacíficas. Si el ACP solo logra una reducción arancelaria moderada, los beneficios derivados de la liberalización comercial podrían verse parcialmente contrarrestados por los costos de transporte.
También existe competencia en determinadas categorías de productos. Algunos renglones agrícolas y bienes con un grado similar de procesamiento por ambas partes podrían generar una considerable presión competitiva sobre sectores nacionales sensibles.
La propuesta de Indonesia de establecer un ACP con Mercosur a través de Brasil constituye una medida práctica, flexible y oportuna para superar el estancamiento de las complejas negociaciones del CEPA. Se espera que no solo genere beneficios económicos directos a Yakarta y Brasilia, sino también tenga un efecto multiplicador e impulse la integración económica entre la Asean y Mercosur.