El dosier, basado en datos de 36 países africanos, advierte de la mutación de la ciberdelincuencia, la cual ha evolucionado de incidentes aislados a un ecosistema industrializado y transfronterizo. Esta tendencia expone su enfrentamiento a mayores riesgos y desafíos.
Según enfatiza Interpol, la transformación digital de África avanza a un ritmo acelerado con más de un millón 100 mil suscripciones móviles, las cuales vienen generando un apreciable empoderamiento económico. No obstante, el continente se ha convertido también en un bocado jugoso para los ciberdelincuentes.
Como en otras partes del mundo, los grupos delictivos en África recurren masivamente al fraude en pagos electrónicos, la extorsión cibernética a través de virus informáticos y el phishing (suplantación de credenciales). Además, al parecer entre ellos existe alguna avenencia en la repartición de territorios.
África Oriental emerge como un foco de fraude con dinero móvil y sabotages dirigidos a infraestructuras, mientras África Central y Occidental registran una alta incidencia de vulneración al correo electrónico empresarial y estafas románticas. La región sureña, con una elevada conectividad de Internet, se erige como una perfecta guarida para las redes criminales internacionales.
La práctica más preocupante, señala Interpol, es que los ciberdelincuentes aprovechan herramientas impulsadas por IA para producir vídeos de phishing de “alta resolución”, generar identidades sintéticas y armar trampas tan convincentes que engañan a los sistemas de seguridad tradicionales.
En consecuencia, los ciberdelitos no solo son más frecuentes, sino también más sofisticados y difícilmente detectables. Si bien numerosos países africanos permanecen alertas y consideran a la ciberseguridad un nuevo frente de seguridad, no pueden contener del todo esas maniobras, cuyo saldó pasó de 192 millones de dólares en 2024 a 484 millones a finales de 2025 y principios de 2026.
Su ecosistema digital robusto, sistema de cables submarinos de fibra óptica avanzado y profunda integración financiera hacen de Sudáfrica un terreno fértil para las organizaciones criminales transnacionales y redes de fraude dirigidas a empresas e infraestructuras. Las cifras desveladas por Interpol son alarmantes: el país padece el 92 por ciento de los actos de ransomware detectados en toda África, el 70 de las cuentas de correo electrónico empresariales comprometidas, el 30 de los casos de sextorsión digital y el 43,6 de las vulnerabilidades digitales explotables.
Interpol ha identificado a esa nación como sede de redes de estafa que utilizan IA contra empresas en Estados Unidos y Europa. Las filtraciones de datos allí también les permiten fabricar identidades falsas, evadir los sistemas de autenticación y abrir cuentas bancarias y de crédito ilegales.
A fin de perfeccionar el marco jurídico sobre la ciberseguridad se están mancomunando esfuerzos. En 2025, 17 países africanos promulgaron o modificaron legislaciones en torno a la prevención y el combate contra delitos en el espacio virtual. Gracias a la coordinación entre las autoridades competentes locales e Interpol, fueron detenidos más de mil 500 sospechosos e interceptados más de 100 millones de dólares en activos ilícitos.
La entidad policial recomienda a los Estados incrementar las inversiones en capacidades de investigación digital, y en formación sobre IA y ciberseguridad, amén de crear mecanismos sólidos de datos compartidos entre fuerzas del orden, empresas tecnológicas, bancos y proveedores de servicios de Internet.
A su juicio, la protección del ciberespacio transciende el ámbito tecnológico para convertirse en un frente de seguridad cuyo accionar es decisivo para el desarrollo sostenible de África.