Las negociaciones para cerrar el acuerdo presupuestario antes de fin de año se han estancado debido a la creciente polarización de posturas entre los países miembros.
En Berlín (Alemania), tras una reunión a puerta cerrada con los líderes de Dinamarca, Finlandia, Austria, los Países Bajos y Suecia, el canciller alemán, Friedrich Merz, declaró que el aumento presupuestario propuesto por la Comisión Europea (CE) era “demasiado elevado” dada la necesidad de muchos Estados de fortalecer su situación fiscal. Alemania y estos países exigen recortes significativos en el presupuesto propuesto por el bloque para 2028-2034. Estos seis países aportan alrededor del 40 por ciento del presupuesto de la UE.
Ese fue el tema central de la cumbre de la UE en junio pasado. Llegar a un consenso sobre el gasto y la financiación para los objetivos del bloque en el próximo período está siendo bien difícil. A ese respecto, la UE se divide en dos grupos: algunos países contribuyen significativamente al presupuesto y abogan por el control del gasto, mientras que otros, principalmente del sur y del este de Europa, no apoyan los reajustes presupuestarios y abogan por destinar más recursos a la agricultura y a los fondos de desarrollo.
En julio de 2025 la CE propuso un presupuesto de cerca de 1,76 billones de euros para 2028-2034. El plan, descrito por la presidenta de la CE, Ursula von der Leyen, como “el más ambicioso de la historia”, busca elevar la flexibilidad y la adaptabilidad del bloque ante una serie de grandes convulsiones, como la pandemia del Covid-19, las crisis y su impacto en la seguridad energética, la inflación y la competitividad económica.
En julio de 2025 la CE propuso un presupuesto de cerca de 1,76 billones de euros para 2028-2034. El plan, descrito por la presidenta de la CE, Ursula von der Leyen, como “el más ambicioso de la historia”, busca elevar la flexibilidad y la adaptabilidad del bloque ante una serie de grandes convulsiones, como la pandemia del Covid-19, las crisis y su impacto en la seguridad energética, la inflación y la competitividad económica.
En particular, la propuesta incluye un aumento significativo del gasto en defensa, lo cual se alinea con los objetivos de autonomía estratégica de Europa, dadas las tensiones geopolíticas actuales y la tensa relación con Estados Unidos, un aliado transatlántico clave. Paralelamente la UE está centrando sus esfuerzos en invertir en proyectos de tecnología verde para reafirmar el liderazgo del continente en la búsqueda de la neutralidad de carbono. También prioriza el gasto para fomentar la competitividad mediante la investigación y la innovación tecnológica. La propuesta de presupuesto refleja las ambiciones y la determinación de la UE para fortalecer su autonomía y su posición internacional.
Sin embargo, existe una brecha significativa entre las ambiciones estratégicas y la práctica. La disparidad financiera entre los miembros es un factor importante que contribuye a esa fisura. El presupuesto de la UE se financia fundamentalmente de contribuciones basadas en la renta nacional bruta de los Estados. Por lo tanto, un presupuesto lo suficientemente sólido como para alcanzar los objetivos y ambiciones podría suponer una pesada carga financiera para muchas economías.
Merz afirmó que la propuesta de aumentar 60 por ciento el presupuesto de la UE es “simplemente insostenible”. Según Alemania y otros países, el presupuesto debe reducirse en cientos de miles de millones de euros, y que los recortes deben aplicarse a todos los sectores. Irlanda, presidente rotativo del Consejo de la UE, trabaja para superar las diferencias entre las partes y tener listo en octubre un documento de negociación presupuestaria que incluirá planes de gasto y nuevas fuentes de ingresos.
Si bien las expectativas sobre el papel global de la UE son cada vez mayores, la capacidad financiera real del bloque no está a la altura. Se prevé que alcanzar un acuerdo sobre las asignaciones presupuestarias para el próximo período enfrentará negociaciones difíciles. Más allá de ser una cuestión meramente financiera, el tema sigue poniendo a prueba la unidad de la UE para responder a un entorno geopolítico volátil.