Washington ha mencionado en reiteradas ocasiones el concepto de “OTAN 3.0” con el propósito de impulsar una profunda reestructuración de la alianza, en la que los intereses estratégicos sustituyan gradualmente a los compromisos tradicionales de seguridad.
En esencia, ese modelo busca que Europa sea capaz de garantizar su propia seguridad, pasando de una lógica de dependencia a otra de corresponsabilidad con Estados Unidos dentro de la OTAN.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha sostenido reiteradamente que el Viejo Continente saca un enorme provecho del escudo de seguridad de Washington, pero no comparte de forma proporcional la carga económica ni militar.
Conscientes de los riesgos derivados de esa dependencia, los países europeos han acordado asumir mayores responsabilidades dentro de la OTAN. Su secretario general, Mark Rutte, expresó su confianza en este nuevo enfoque, resumido en la idea de “una Europa más fuerte dentro de una OTAN más fuerte”.
Al mismo tiempo, Estados Unidos está redirigiendo de forma paulatina su atención estratégica hacia la región del Indo-Pacífico y reduciendo su implicación en Europa, como refleja la retirada progresiva de tropas del continente.
La cumbre de la OTAN celebrada en Turquía a principios de julio de 2026 se consideró un nuevo hito en la adaptación de la alianza a un entorno de seguridad en rápida transformación.
Recientemente Polonia y Alemania acordaron reforzar la coordinación en el marco del programa Escudo Oriental con el objetivo de fortalecer el flanco oriental de la OTAN.
Asimismo, la Alianza destinará unos 27 mil millones de euros a la modernización de los sistemas de transporte militar y de almacenamiento de combustible.
Según datos de la OTAN, el gasto en defensa de Europa y Canadá ha aumentado de forma significativa y se prevé que en 2026 crezca 11 por ciento respecto al año anterior.
No obstante, este incremento presupuestario no significa que Europa pueda cubrir a corto plazo las carencias existentes ni sustituir el papel de Estados Unidos dentro de la Alianza.
Según el portal europeanrelations.com, Europa sigue careciendo de capacidades estratégicas esenciales, como la inteligencia, la vigilancia, el reconocimiento y la recopilación de información espacial. El propio sitio señala que, hasta 2023, Estados Unidos operaba 246 satélites militares, mientras que los miembros europeos de la OTAN apenas disponían de una quinta parte de esa cifra.
El aumento del gasto militar también obliga a los gobiernos europeos a encontrar un difícil equilibrio entre la inversión en defensa y el mantenimiento del crecimiento económico y del estado del bienestar.
España, por ejemplo, se ha opuesto a la propuesta de elevar el gasto en defensa hasta el cinco por ciento del PIB por considerar que ello es incompatible con la sostenibilidad de las finanzas públicas y la preservación del sistema de bienestar social. Madrid sostiene que el fortalecimiento de las capacidades defensivas debe avanzar de forma equilibrada con las prioridades económicas y sociales.
Los desafíos se multiplican a medida que el entorno de seguridad europeo e internacional se vuelve más complejo e inestable. La OTAN corre el riesgo de dispersar sus recursos al tener que responder simultáneamente a varios focos de tensión.
Al mismo tiempo, persisten las diferencias entre los países implicados en el conflicto de Ucrania, una crisis estrechamente vinculada con la seguridad europea. Eslovaquia y la República Checa ya han rechazado aportar financiación adicional para reforzar las capacidades militares de Kiev.
El deterioro de las relaciones transatlánticas y la creciente presión de Washington han convertido el fortalecimiento de la autonomía europea en materia de defensa y seguridad en un objetivo estratégico.
Sin embargo, alcanzar esa meta exige mucho más que aumentar los presupuestos militares. Reducir la dependencia de Estados Unidos requerirá una firme voluntad política y un mayor consenso entre los países europeos sobre las prioridades comunes en materia de seguridad, condición indispensable para avanzar de forma más equilibrada hacia una verdadera autonomía estratégica.