Desde que Carney asumió el cargo en marzo de 2025, el PIB real de Canadá se ha contraído un 0,05 por ciento, el peor desempeño de este indicador en el primer año de un gobierno desde 1963.
Según analistas, Carney practica una política migratoria más restrictiva que la de su predecesor, lo que ha reducido considerablemente el número de residentes temporales y frenado el crecimiento económico. Al mismo tiempo, asumió el cargo en un momento de crecientes tensiones comerciales con Estados Unidos, el principal mercado de exportación de Canadá, mientras el consumo interno y el mercado inmobiliario mostraban signos de debilidad. La política arancelaria y las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump han ejercido presión sobre la inversión empresarial y reducido las exportaciones de numerosos productos no energéticos.
Con su experiencia como exgobernador del Banco de Canadá y del Banco de Inglaterra, el primer ministro Carney ha trazado una hoja de ruta económica de profundas reformas para fortalecer las capacidades internas y hacer frente a los desafíos derivados de los aranceles y de las presiones geopolíticas de Washington.
La estrategia económica de su Gobierno se centra en reducir la dependencia comercial de Estados Unidos y atraer inversiones internacionales a gran escala, promover la autonomía energética y fortalecer las cadenas de suministro estratégicas, e impulsar reformas fiscales y del sistema de bienestar social para aliviar el coste de vida de la población.
La marcada dependencia económica de Estados Unidos se ha convertido en una vulnerabilidad para Canadá desde que la Administración Trump adoptó una política comercial proteccionista. El Gobierno de Carney aspira a duplicar las exportaciones a mercados distintos del estadounidense e intensificar las relaciones comerciales con otros socios de confianza.
A principios de julio de 2026, Carney presentó una ambiciosa visión económica cuyo objetivo es atraer un billón de dólares en inversiones antes de que finalice esta década y que se centra en el desarrollo de infraestructuras y la captación de capital extranjero. Además, el Gobierno adoptó un nuevo enfoque energético que consiste en optimizar la producción nacional de petróleo e impulsar la construcción de nuevos oleoductos hacia la costa occidental del país para ampliar los mercados en Asia, en lugar de depender exclusivamente de la demanda estadounidense.
Canadá también ha intensificado la explotación de minerales estratégicos y ha suscrito decenas de acuerdos de cooperación por valor de 20 mil millones de dólares para respaldar las cadenas mundiales de suministro. Paralelamente, ha puesto en marcha una ambiciosa estrategia para convertirse en líder mundial en inteligencia artificial, energías limpias y manufactura avanzada.
Con el propósito de aliviar las presiones inflacionarias y reducir la carga del coste de vida para la población, el Gobierno anunció la suspensión temporal del impuesto federal sobre los combustibles para los consumidores, puso en marcha programas de apoyo para el acceso a productos de primera necesidad y alimentos básicos, y adoptó medidas contundentes para frenar el aumento de los precios de la vivienda.
Entre estas medidas, destaca la decisión de establecer un límite del 5 por ciento para la proporción de trabajadores temporales y estudiantes internacionales hacia finales de 2027, frente al máximo anterior del 7,3 por ciento, con el objetivo de reducir la presión sobre la infraestructura pública y el mercado de la vivienda. Además, se creó la Agencia de Desarrollo de la Vivienda para construir viviendas sociales y acelerar su disponibilidad en el mercado.
Las políticas del Gobierno de Carney comienzan a dar resultados tangibles. La moderación del crecimiento por debajo del potencial ha contribuido a reducir las presiones inflacionarias, mientras el índice de precios al consumidor se mantiene en torno al 2 por ciento fijado por el Banco de Canadá. La política de reducción de la población residente temporal también empieza a surtir efecto al enfriar el mercado inmobiliario. La desaceleración del crecimiento demográfico ha impulsado el aumento de la producción per cápita, poniendo fin al prolongado estancamiento de este indicador durante varios años.
Según una reciente encuesta, el 60 por ciento de los canadienses considera “buena” o “muy buena” la gestión económica del primer ministro, Carney. Los analistas confían en que su estrategia para desarrollar grandes proyectos de infraestructura se convierta en un motor sólido que fortalezca la autonomía y la resiliencia de la economía.