Mensaje de socorro de la naturaleza

Si bien las negociaciones climáticas sobre la mesa siguen subiendo de tono, lo que ocurre fuera de la sala de reuniones tiende a empeorar por día.

Transeúntes en Osaka (Japón) se resguardan bajo sombrillas. (Foto: Xinhua/VNA)
Transeúntes en Osaka (Japón) se resguardan bajo sombrillas. (Foto: Xinhua/VNA)

Los récords sucesivos de temperaturas máximas en Europa han hecho sonar la alarma de la Madre Naturaleza. Si el ser humano no actúa con la rapidez y la escala adecuadas, el planeta verde seguirá rodeado de amenazas.

Las olas de calor extremo, inundaciones o sequías se producen con una frecuencia cada vez mayor.

El Instituto Meteorológico Danés notificó una temperatura de 36,6 grados centígrados, la más abrasadora jamás registrada en la historia del país. En Polonia se emitió un aviso de nivel 3 por ola de calor extrema del 27 al 29 de junio.

Según meteorólogos, ese fenómeno no tiene precedentes en la nación centroeuropea en más de cien años. En algunas zonas la columna de mercurio subió a alturas inéditas.

Más de mil millones de niños y niñas viven actualmente bajo al menos tres amenazas climáticas combinadas. Se están rompiendo de forma consecutiva varios récords históricos de temperatura máxima.

La ola de calor que azota Europa es un recordatorio de los impactos en espiral de la crisis climática, advirtió Simon Stiell, director ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Se trata también del precio que pagamos por el consumo de combustibles fósiles, que conlleva una grave contaminación.

Lo que está sucediendo en Europa es solo una pequeña muestra del panorama global, lleno de anomalías meteorológicas. En el resto del mundo no es difícil observar cómo se han agudizado las alteraciones del clima.

No ha sido por falta de reuniones y compromisos, pero entre lo dicho y lo hecho hay una gran brecha que se atribuye parcialmente a las intrincadas colisiones de intereses entre los países.

Esa realidad quedó plasmada en la 30ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, celebrada en Brasil en 2025. Por numerosas y activas que fueran las discusiones, el acuerdo formal del evento omitió cualquier mención a una hoja de ruta vinculante para abandonar los combustibles fósiles.

Ese decepcionante resultado se debe a la profunda divergencia entre dos grupos. Por un lado, los países dependientes de la producción y extracción de hidrocarburos insistieron en proteger sus intereses energéticos. Por otro lado, los países más perjudicados por el cambio climático exigieron poner fin a estas fuentes de energía convencionales.

En una reciente declaración, Stiell auguró que las olas de calor extremo continuarán empeorando hasta que la humanidad deje de quemar “cantidades colosales” de carbón, petróleo y gas.

Se espera que en su próxima edición (este año, en Turquía), la conferencia vuelva a poner en el punto de mira el profundo diálogo sobre los combustibles fósiles, una de las principales causas de las emisiones de gases de efecto invernadero.

La financiación climática es otro engorroso asunto. Según el Informe sobre la Brecha de Adaptación 2025 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, los países en desarrollo necesitarán entre 310 y 365 mil millones de dólares cada año hasta 2035 para adaptarse a las variaciones climáticas.

Sin embargo, el gasto actual, equivalente a un doceavo del requerido, es una gota en el océano. La inestabilidad económica mundial, agravada por los efectos del conflicto en Oriente Medio, ha obligado a las partes a priorizar sus recursos en objetivos de seguridad social, como la respuesta a la crisis de los refugiados y la recuperación tras la pandemia de la Covid-19. El reparto de las responsabilidades financieras se convierte así en un acertijo.

En cuanto a los países pobres, cualquier esfuerzo requiere un financiamiento significativo, sea para reemplazar sus suministros energéticos por alternativas ecológicas, preparar infraestructura correspondiente o proteger a la comunidad de los riesgos climáticos.

La galopante crisis climática envía señales de auxilio de la Madre Naturaleza.

El mundo no solo espera compromisos más audaces y decisivos, sino que también exige un plan de acción claro y transparente sobre la escala, los recursos y los métodos para convertir los acuerdos en un verdadero escudo para la Tierra.

Back to top