Día Mundial contra el Trabajo Infantil: juego limpio para los niños

En lugar de aprender, jugar y desarrollarse en un entorno seguro, casi 140 millones de niños en todo el planeta llevan sobre sus hombros la responsabilidad de ganarse la vida. Con motivo del Día Mundial contra el Trabajo Infantil (12 de junio), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) exhorta a los países a mancomunar esfuerzos por proteger a los pequeños y otorgarles oportunidades de cultivar su propio futuro mediante la educación.

Un niño reparador de bicicletas en la ciudad pakistaní de Rawalpindi, el 12 de junio de 2019. (Foto de ilustración: Xinhua)
Un niño reparador de bicicletas en la ciudad pakistaní de Rawalpindi, el 12 de junio de 2019. (Foto de ilustración: Xinhua)

Mientras sus coetáneos van a la escuela, Adama, de doce años, pasa cada día con sus padres en una cantera del municipio de Kenema, en el sureste de Sierra Leona, rompiendo bloques de granito en trozos de grava para venderlos a contratistas de construcción.

Hace más de cinco años, la niña comenzó a trabajar con la esperanza de ahorrar lo suficiente para volver al colegio y cumplir su sueño de ser maestra. Pero esa ilusión está cada vez más fuera de su alcance, pues la familia solo gana dos dólares al día, apenas suficientes para la comida diaria. La carga de ganarse el pan ha privado a Adama del derecho fundamental a la educación y ha convertido su sueño y su futuro en una losa pesada.

Adama es solo una de los cientos de millones de menores de edad obligados a sacrificar su niñez y someterse a una vida laboral ardua desde muy temprana edad.

El director general de la OIT, Gilbert Houngbo, ha aseverado que todos los niños merecen la oportunidad de aprender, jugar y crecer en un entorno seguro, libre de explotación y de trabajos peligrosos. Pese a ello, 138 millones de niños y niñas continúan atrapados en la lucha por la supervivencia. De cada cinco infantes, dos se ven forzados a trabajar en condiciones inseguras en granjas, minas y fábricas, e incluso en situaciones de explotación extrema.

El panorama mundial del trabajo infantil oculta realidades muy diferentes. Mientras que la región de Asia-Pacífico ha reducido el fenómeno a tan solo un tres por ciento, África subsahariana concentra casi dos tercios de la incidencia global. Los conflictos y la pobreza son las principales causas por las que muchos menores, especialmente en este continente, abandonan la escuela y realizan trabajos extenuantes.

Si bien el número de niños y niñas obligados a trabajar se ha reducido casi a la mitad en los últimos 20 años, los expertos consideran que el mundo necesita acelerar el progreso once veces para erradicar esta lacra en 2030. Se trata de un reto colosal, especialmente frente a la tendencia alcista de la pobreza y los conflictos en varias regiones, que pone en juego el futuro de millones de niños, confesó el director general de la OIT.

Acabar con el trabajo infantil es una urgencia si se considera su impacto sobre la calidad de los recursos humanos. Su prolongación amenaza con obstaculizar el desarrollo integral de las futuras generaciones y perjudicar tanto la economía como la sociedad.

La deserción escolar y la inserción prematura en el mercado laboral exponen a los pequeños a riesgos físicos y mentales, y los priva de oportunidades educativas y de desarrollo. A largo plazo, un círculo vicioso de pobreza, trabajo infantil y rezago educativo colocará barreras al desarrollo de los países.

La erradicación total del trabajo infantil, por prolongada y espinosa que sea, requiere perseverancia, estrecha coordinación y esmero constante por parte de muchos. El Día Mundial contra el Trabajo Infantil de este año lleva por lema “Tarjeta roja al trabajo infantil: juego limpio para niños, trabajo decente para adultos”.

A la sombra de esa consigna, la OIT y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia alientan a los países a destinar más recursos a la seguridad social, amén de garantizar la universalización de la educación y su calidad, y proporcionar medios de vida sostenibles a los trabajadores, para que los niños puedan vivir, aprender y desarrollarse en un entorno seguro y sano.

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