Fortalecer papel de países en desarrollo

En un mundo multipolar emergente, los países en desarrollo están pasando a ser actores cada vez más importantes para promover el multilateralismo, la resolución de conflictos y el desarrollo económico. Sin embargo, se considera que la composición del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), su máxima autoridad, no plasma con precisión el papel y las contribuciones de los países en desarrollo a la paz y la seguridad mundiales.

El secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, habla en una rueda de prensa en Nueva York, EE. UU. (Foto: VNA)
El secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, habla en una rueda de prensa en Nueva York, EE. UU. (Foto: VNA)

Tras una serie de votaciones en la sesión de la Asamblea General de la ONU celebrada recientemente en Nueva York (Estados Unidos), cinco países -Austria, Kirguistán, Portugal, Trinidad y Tobago y Zimbabue- fueron elegidos miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU para el período 2027-2028.

Estos resultados confirman el creciente prestigio de los países en vías de desarrollo en el ámbito internacional. Si antes se limitaban a acatar las normas establecidas, ahora este grupo se está convirtiendo gradualmente en un participante activo en la definición de normas en los foros globales, liderando la agenda y asumiendo importantes responsabilidades en los foros multilaterales.

Tal realidad plantea la siguiente pregunta: ¿Han otorgado los principales órganos de poder mundiales, incluido el Consejo de Seguridad de la ONU, a los países en desarrollo la posición que merecen? Por ejemplo, con una población de más de mil 500 millones de personas, África es el continente con mayor número de Estados miembros en la ONU y es escenario de numerosos focos de tensión en materia de seguridad y desarrollo.

Según las estadísticas, casi el 45 por ciento de las resoluciones del Consejo de Seguridad adoptadas en 2025 estuvo referido a temas africanos. La mayoría de esas decisiones autorizan la imposición de sanciones, el despliegue de fuerzas de mantenimiento de la paz u operaciones militares en África. Sin embargo, el llamado continente negro no tiene un asiento permanente en el Consejo de Seguridad, lo que lo priva de una voz decisiva en sus propios asuntos de desarrollo y seguridad.

La reforma del Consejo de Seguridad no es un tema nuevo. Aunque se inició hace décadas, el proceso se ha estancado en gran medida.

Como único órgano de la ONU con capacidad para emitir resoluciones jurídicamente vinculantes, el Consejo de Seguridad está compuesto por cinco miembros permanentes: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido, además de diez no permanentes elegidos por un período rotativo de dos años. Con derecho de veto, los cinco miembros permanentes pueden bloquear cualquier resolución, desde misiones de mantenimiento de la paz hasta sanciones con amplio impacto internacional. Sin embargo, la creciente competencia entre las grandes potencias dificulta la aprobación de resoluciones.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, señaló que el Consejo de Seguridad es un pilar fundamental del sistema mundial de paz y seguridad, pero que han transcurrido más de 80 años desde su creación en 1945 y el mundo ha cambiado mucho desde entonces. El líder de la ONU afirmó que el objetivo principal de la organización, mantener la paz y la seguridad y construir un mundo más justo y mejor para toda la humanidad, es un principio fundamental.

Para cumplir esa noble misión en el actual contexto internacional, es necesario renovar el marco teórico establecido hace más de 80 años. Por lo tanto, el Consejo de Seguridad encara la necesidad urgente reformase para mejorar su representatividad, transparencia y eficacia.

Los esfuerzos por llevar a cabo esta reforma han recibido un amplio apoyo por parte de la comunidad internacional, incluidos sus miembros permanentes. Dados los drásticos cambios en el panorama geopolítico mundial, es más urgente que nunca modificar el Consejo de Seguridad.

Se trata de una de las reformas más cruciales, complejas y prolongadas de la mayor organización multilateral del mundo. No obstante, se trata de un paso necesario para que el Consejo de Seguridad siga desempeñando su papel central en el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, así como para que pueda responder a las exigencias de la nueva situación y a los intereses legítimos de todos los Estados miembros de la ONU.

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