Las relaciones entre Francia y Argelia entraron en una grave crisis en el verano de 2024, luego que el país galo apoyara el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, antiguo territorio administrado por España, mientras Argelia respalda al Frente Polisario, grupo independentista saharaui.
Las tensiones entre Argel y París se agravaron por asuntos como el arresto del escritor franco-argelino Boualem Sansal.
Dejando de lado dos años de desacuerdos diplomáticos, ambos países acordaron reforzar la cooperación en seguridad y defensa durante el encuentro en Argel entre el presidente argelino Abdelmadjid Tebboune y la secretaria francesa de Estado, Alice Rufo. Las partes también convinieron estudiar mecanismos de coordinación en cuestiones migratorias y cooperación judicial, especialmente en la lucha contra el narcotráfico.
Como parte de su agenda, Rufo visitó Sétif, en el noreste de Argelia, donde rindió homenaje a las víctimas de la sangrienta represión del colonialismo francés contra las manifestaciones independentistas del 8 de mayo de 1945.
Según los historiadores, mientras Francia celebraba la victoria sobre la Alemania nazi y el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa, las protestas independentistas argelinas fueron reprimidas durante varias semanas por las fuerzas coloniales, con un saldo de miles de muertos. Esta es una de las páginas más dolorosas de la historia de las relaciones entre ambos países.
La Presidencia francesa subrayó que el enfoque del presidente Emmanuel Macron hacia las relaciones franco-argelinas se basa en un espíritu de “honestidad con la historia” y de “respeto a todas las memorias relacionadas”. Asimismo, reconoce que las represiones de Sétif, Guelma y Kherrata en 1945 son hechos históricos que Francia debe afrontar con franqueza.
Desde que llegó al poder en 2017, Macron ha intentado en varias ocasiones impulsar la reconciliación con Argelia, especialmente a través de iniciativas relacionadas con la memoria del periodo colonial y la guerra. No obstante, este proceso se ha encontrado con obstáculos recurrentes debido a las tensiones políticas bilaterales y a la presión de los sectores de derecha y extrema derecha en Francia, que abogan por una postura más firme hacia Argelia.
No obstante, en los últimos meses se han dado señales de distensión en las relaciones entre Francia y Argelia. El país magrebí ha suavizado su postura respecto a las cuestiones vinculadas al pasado colonial tras la aprobación parlamentaria de una ley revisada de condena al colonialismo francés que, en particular, elimina las disposiciones que exigían a Francia una disculpa oficial y amplias compensaciones, un asunto especialmente sensible en los lazos bilaterales.
La adopción de la normativa contribuyó a aliviar la prolongada disputa con Francia. Además, las partes han reanudado los contactos de alto nivel. La vuelta del embajador francés a Argel ha reabierto las puertas del diálogo bilateral. En medio de la actual crisis energética mundial, Argelia desempeña un papel importante para ayudar a los países europeos, entre ellos Francia, a diversificar sus fuentes de suministro de petróleo y gas.
Al mismo tiempo, los constantes esfuerzos de Argelia por recuperar su influencia en la región del Sahel se consideran un factor clave para relanzar las relaciones franco-argelinas, sobre todo cuando los vínculos entre París y otros países de la zona se están deteriorando cada vez más.
Argelia es un actor clave para que Francia proteja sus intereses económicos y de seguridad en un contexto en el que París debe hacer frente a la urgente necesidad de responder a los desafíos derivados de la crisis migratoria y la lucha contra el terrorismo. La cooperación entre ambos países es esencial para garantizar la seguridad en las dos orillas del Mediterráneo.
La seguridad y la economía actúan como catalizadores para que Francia y Argelia superen sus roces históricos y refuercen el diálogo. Si bien las secuelas del pasado colonial francés entre 1830 y 1962 aún generan fricciones, el entrelazamiento de intereses mutuos facilita una reconciliación progresiva.