La crisis política que se desató en 2020 ha sumido a Bulgaria en uno de los periodos de inestabilidad más prolongados de su historia. Entre 2021 y finales de 2024, los votantes búlgaros acudieron a las urnas en siete ocasiones para elegir al Parlamento. Esta nación del sudeste de Europa ha quedado atrapada en un ciclo de elecciones consecutivas debido a la fragmentación entre los partidos tradicionales y los bloques reformistas, y al auge de las formaciones nacionalistas. En consecuencia, Bulgaria ha permanecido en una situación de “parálisis parlamentaria”, en la que ninguna fuerza política logra la mayoría necesaria para formar gobierno ni alcanza consenso con otras.
La crisis ha provocado un estancamiento económico, fatiga política y desafíos en la política exterior. Los retrasos en la aprobación de presupuestos y reformas han dificultado la recepción de los fondos de recuperación de la Unión Europea (UE). La participación electoral cayó a un mínimo histórico del 33,4 por ciento en las elecciones de junio de 2024.
De enero de 2021 a enero de 2026, los precios de los bienes aumentaron un 42,1 por ciento. Aunque la inflación está bajo control en comparación con 2022, cuando la crisis energética derivada del conflicto en Ucrania la elevó a un máximo del 15,3 por ciento, sigue siendo un tema delicado, especialmente porque los partidos utilizan el encarecimiento de los precios como baza electoral.
A finales de 2025, el país fue escenario de importantes protestas debido al descontento con la inflación y con los planes para aumentar los impuestos y unirse a la eurozona, lo que provocó la dimisión del primer ministro, Rosen Zhelyazkov, tras menos de un año en el poder. A principios de 2026, el presidente Rumen Radev presentó una dimisión inesperada para crear su propio partido político y presentarse a las elecciones, con la esperanza de desbloquear la situación. Actualmente, Bulgaria está gobernada por un Gobierno interino establecido el pasado mes de febrero, cuya principal tarea es garantizar la celebración de elecciones transparentes.
Serán las octavas elecciones parlamentarias anticipadas en los últimos cinco años. La contienda se centrará en cuatro bloques principales. Se prevé que el GERB-SDS, de centroderecha y liderado por el ex primer ministro Boyko Borissov, encabece la votación, aunque tendrá dificultades para encontrar socios de coalición estables. Su principal rival es la coalición PP-DB, de orientación reformista y prooccidental. También participarán el partido ultranacionalista Vazrazhdane, cuya influencia va en aumento, así como formaciones minoritarias y emergentes como el DPS, que representa a la comunidad de origen turco; el BSP, y nuevos movimientos populistas.
Las principales preocupaciones en torno a estas elecciones son la posible injerencia externa y la baja participación. El Gobierno búlgaro ha solicitado recientemente el apoyo de la UE para prevenir posibles injerencias. El cansancio de los votantes tras varias elecciones consecutivas podría derivar en una baja participación, lo que, de forma indirecta, beneficiaría a grupos extremistas o incrementaría la incertidumbre electoral.
Las elecciones del 19 de abril se consideran una oportunidad crucial para establecer un nuevo orden político en Bulgaria y poner fin a años de estancamiento político en ese país.