Respuesta a retos globales de la salud

Los brotes de ébola en la República Democrática del Congo y de hantavirus en el crucero MV Hondius son solo las últimas crisis de una época peligrosa, marcada por conflictos, depresión económica y alteraciones climáticas.

La sede de la Organización Mundial de la Salud en la ciudad suiza de Ginebra. (Foto: Xinhua/VNA)
La sede de la Organización Mundial de la Salud en la ciudad suiza de Ginebra. (Foto: Xinhua/VNA)

En tal sentido se pronunció la Organización Mundial de la Salud (OMS) ante los Estados miembros en la 79ª Asamblea Mundial de la Salud (AMS), que se celebra en la ciudad suiza de Ginebra del 18 al 23 de los corrientes.

En esta reunión anual, el órgano decisorio supremo de la OMS se centra en formular políticas de salud mundiales e impulsar las prioridades estratégicas en medio de los inquietantes estragos del ébola y el hantavirus.

Igualmente, pretende cobrar el ímpetu generado en su 78ª período de sesiones, en el que se aprobó el Plan de Acción Global sobre Cambio Climático y Salud (una hoja de ruta para fortalecer la respuesta global a los efectos adversos para la salud causados por la contaminación atmosférica) y en el que se reclasificó el cambio climático como el primer objetivo del 14º Programa General de Trabajo de la OMS para el período 2025-2028.

La preservación de los compromisos políticos alcanzados en la reunión anterior y la creación de oportunidades para diseñar soluciones globales sobre el clima y la salud también son objetivos de la actual asamblea de cara a la 31ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

La AMS convoca a su 79ª edición en un año plagado de dificultades: la retirada de Estados Unidos de la OMS; un déficit presupuestario estimado en casi mil millones de dólares, el 21 por ciento; y unas reformas radicales para hacer frente a la reducción de programas y la perdida de cientos de empleos.

Incluso en el transcurso de esta cita, el aumento abrupto de infecciones por el virus del Ébola en la República Democrática del Congo y Uganda, cuyo saldo hasta la fecha es de 131 muertos, obligó a la entidad a declarar una emergencia sanitaria internacional. Las últimas crisis epidémicas son pruebas convincentes de que el mundo necesita una OMS eficaz, confiable, neutral y con un fuerte respaldo financiero.

El mundo no está realmente a salvo. Cuanto más estallan los brotes, más se agudizan sus consecuencias, que dejan un profundo impacto en la salud, la economía, la política y la sociedad, por no mencionar las más frágiles esperanzas de recuperación. La preparación de la última década no está a la altura de la expansión de los riesgos de las pandemias.

Desde que se alcanzaron cifras récord de aproximadamente 80 mil millones de dólares en la época de la pandemia de la Covid-19, los fondos solidarios para la salud se han desplomado, lo cual entraña una amenaza directa para los programas de atención médica esenciales en países con bajos ingresos.

La financiación confirmada para el sector en 2025 y 2026 es de tan solo unos 39 mil millones de dólares, el nivel más bajo en los últimos 15 años. La principal razón radica en la reticencia de los mayores patrocinadores: Estados Unidos recortó el 67 por ciento de la aportación, el Reino Unido el 40, Francia el 33 y Alemania el 12- debido a asuntos internos, conflictos geopolíticos y la recuperación económica posCovid-19.

En un reciente comunicado, el Consejo Mundial de Monitoreo de la Preparación, creado por la OMS y el Banco Mundial en un intento de controlar el brote del virus de Ébola en África Occidental de 2013 a 2016, alertó de que los brotes mundiales de enfermedades infecciosas son cada vez más frecuentes y devastadores.

Expertos en salud han exhortado a la fundación de un organismo de monitoreo independiente y permanente, el cual se encargará de vigilar los riesgos de pandemia y garantizar el acceso equitativo a las vacunas, las pruebas y el tratamiento mediante un acuerdo mundial.

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