A través de este plan, la UE aspira a crear un espacio de desarrollo estable y próspero, donde el mar compartido no sea una línea divisoria, sino un puente que conecte a las naciones ribereñas del Mediterráneo.
El pacto marca un hito en el proceso de cooperación de más de tres décadas entre los Estados miembros de la UE y 10 países de la región de Oriente Medio y África situados al sur del Mediterráneo, que se extiende desde Marruecos hasta Siria.
El documento reafirma que el Mediterráneo es una prioridad estratégica para la UE, con el objetivo de construir un espacio de cohesión, paz y prosperidad, donde los países colaboren en favor de un desarrollo sostenible.
No obstante, desde su anuncio en octubre de 2025, el pacto ha recibido tanto apoyo como dudas sobre su viabilidad.
Estas dudas surgen del largo período de estancamiento que ha atravesado el proceso de cooperación entre la UE y los países mediterráneos.
A pesar de años de esfuerzos, las partes no han encontrado soluciones a desafíos compartidos como la migración ilegal, la desigualdad económica, la inestabilidad en materia de seguridad y la contaminación ambiental.
En este contexto, el plan de acción presentado recientemente por la Comisión Europea ha disipado de inmediato las dudas sobre la factibilidad del pacto. Según el plan, en 2026 se implementarán 21 iniciativas clave basadas en tres pilares principales: las personas, la economía y la seguridad.
Con proyectos concretos, el plan busca abordar una serie de desafíos como la migración ilegal, la delincuencia y el crecimiento desigual, considerados “problemas crónicos” que obstaculizan el desarrollo conjunto de los países mediterráneos.
La alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, subrayó que el Mediterráneo “ocupa un lugar más destacado que nunca en la agenda exterior de la UE” y destacó que esta atención especial resulta comprensible.
Debido a su posición como puerta de enlace entre Europa, Oriente Medio y África, la región mediterránea desempeña un papel estratégico para la UE en términos geopolíticos, de seguridad y económicos.
La práctica demuestra que los problemas críticos en los países vecinos del sur, como Siria, Líbano y Libia, están estrechamente relacionados con los intereses europeos.
Por ejemplo, el terrorismo, los conflictos, la violencia y el desempleo en Oriente Medio y África son causas principales del flujo de migrantes irregulares que abandonan sus países, cruzan el Mediterráneo y llegan a Europa, convirtiéndose en uno de los mayores desafíos para la UE en los últimos años.
Por ello, para la UE, los países del sur del Mediterráneo no solo son socios económicos con gran potencial, sino también un apoyo clave para controlar la crisis migratoria. Además, esto también refleja el esfuerzo de la UE por reforzar su posición.
Los analistas consideran que, en un contexto geopolítico en constante cambio y con una relación con Estados Unidos que no es tan fluida como se esperaba, la extensión de la influencia en el sur del Mediterráneo es para la UE una manera de proteger sus intereses fundamentales y reforzar su voz en una de las regiones vecinas más importantes para Europa.
También los países del sur del Mediterráneo obtienen beneficios significativos al fortalecer relaciones con la UE. Las inversiones de miles de millones de euros en proyectos de energía limpia, transformación digital, infraestructuras eléctricas, educación y seguridad servirán de impulso para abordar sus dificultades internas.
Será necesario tiempo para evaluar el impacto del “Pacto Mediterráneo: Un mar, un pacto, un futuro” en las relaciones entre la UE y sus vecinos del sur. Sin embargo, el plan de acción presentado por la UE ya sienta las primeras bases para construir un espacio mediterráneo más integrado, pacífico y próspero.