Si bien existen supuestas rondas de negociación entre Estados Unidos e Irán sobre el actual conflicto en Oriente Medio, apenas hay buques petroleros que pasan por el estrecho de Ormuz.Los observadores señalan que el mercado pierde cada día unos 11 millones de barriles y productos derivados, más del 10 por ciento de las provisiones mundiales.
A primera vista, un desabastecimiento del 10 por ciento está lejos de ser desastroso. Sin embargo, en el contexto mercantil, tal desequilibrio entre la oferta y la demanda podría tener enormes repercusiones. Esto ya ocurrió durante el confinamiento global por la pandemia de la Covid-19, cuando la demanda de petróleo se desplomó en unos ocho millones de barriles por día. Esto provocó recuerdos indelebles de lo que se denominó el "vacío escalofriante", algo que seguramente ningún país quiere volver a padecer.
La pandemia de Covid-19 configuró una de las mayores crisis de demanda energética de la historia. La actual situación es contraria: la conmoción se percibe en la oferta. Sin embargo, su impacto en la vida diaria es casi idéntico: reducción de los desplazamientos, encarecimiento del transporte, desaceleración económica y creciente presión presupuestaria sobre los hogares.
Expertos y líderes de países han advertido en repetidas ocasiones sobre los posibles desenlaces del conflicto en Oriente Medio. En un reciente comunicado, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, vaticinó que podrían ser tan graves como los provocados por la Covid-19, con daños significativos para las cadenas de suministro, producción y logística internacionales. La Organización Mundial del Comercio ha comentado que el sistema comercial mundial está sufriendo las peores perturbaciones de los últimos 80 años.
Las preocupaciones tienen sus fundamentos. El estrecho de Ormuz es considerado una “válvula reguladora” del sistema energético mundial. Ahora que el tránsito por allí está en juego, las consecuencias aparentemente no se limitan a la escalada de precios de la gasolina, sino que acarrean una reacción en cadena. Si el paso marítimo permanece bloqueado o el conflicto se agudiza, la pérdida de exportación de crudo no se limitará a 11 millones de barriles diarios, sin mencionar el grave impacto socioeconómico que podría tener.
La crisis energética en curso sería incluso más alarmante que la causada por el coronavirus. La razón es que, en aquella época, los gobiernos podían dictaminar grandes paquetes de estímulo para atender la demanda, entonces paralizada, sin temer una inmediata inflación. Por otro lado, la actual crisis energética está asfixiando la oferta, un factor decisivo sobre la cuantía de la producción. Cuando este elemento merma frente a una demanda invariable, la disparada de precios es casi inevitable.
Semejante contexto restringe bastante el margen de maniobra de los gobiernos. Los bancos centrales no pueden bajar los tipos de interés ante el repunte de las tasas inflacionarias. A las administraciones nacionales también les resulta difícil incrementar el gasto sin aumentar los déficits presupuestarios. En otras palabras, los "salvavidas" que fueron eficaces en tiempos de pandemia ahora requieren una consideración meticulosa.
Además, la actual conmoción tiene un impacto desigual. La liberación de reservas de emergencia resulta útil para mitigar el impacto inicial, sobre todo en las economías desarrolladas. Sin embargo, numerosos países de Asia, África y América del Sur cuentan con reservas comerciales muy modestas, por lo que resultan más vulnerables. Cabe señalar que Asia, motor del crecimiento económico mundial, es una de las regiones más afectadas, ya que es el destino de gran parte del petróleo que transita por Ormuz. Si las interrupciones se prolongan, las víctimas serán tanto el crecimiento continental como la cadena de suministro global.
La pandemia de Covid-19 aleccionó mucho sobre la resiliencia, pero el tema Ormuz plantea dudas sobre la flexibilidad de la economía mundial a la hora de lidiar con las interrupciones del suministro. A medida que los mercados se alimentan de las reservas de emergencia y de la esperanza sobre una desescalada del conflicto, las consecuencias serán inmensurables si el cuello de botella no se destapona en un futuro cercano.