Conflicto en Oriente Medio: Conmoción en el mercado energético

El enfrentamiento militar entre Estados Unidos e Israel contra Irán podría suponer el golpe más grave al mercado energético mundial en décadas.

La decisión de Irán de cerrar el estrecho de Ormuz ha provocado un inmediato sismo en el mercado del crudo. El corte de una arteria energética de la que dependen numerosas economías fragiliza aún más las perspectivas de recuperación económica del orbe.

Cuna de numerosos gigantes de la industria petrolera, Oriente Medio lleva desde hace tiempo el sobrenombre de “filón de oro negro” de la humanidad. Sirve, además, como eslabón crucial del comercio global al poseer el estrecho de Ormuz.

Por esa vía marítima entre Omán e Irán –de extrema importancia estratégica por entroncar el Golfo Pérsico y el Océano Índico– circula aproximadamente el 20 por ciento del tránsito mundial de crudo y el 30 de gas natural licuado (GNL). También constituye un corredor por donde transitan los barcos que salen de gigantes petroleros como Irán, Arabia Saudí, Iraq, Kuwait, Catar y los Emiratos Árabes Unidos (EAU).

El insustituible papel de Ormuz se acrecienta porque otros sistemas de oleoductos en la región tienen una capacidad relativamente limitada frente a la demanda. Incluso casi no hay alternativas si se trata de la exportación de GNL desde Catar y los EAU.

Por lo tanto, el bloqueo del estrecho por parte de Irán ejerce una aguda presión sobre el suministro energético global. Los buques pueden optar por desviarse hacia el cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica, pero ello conlleva semanas adicionales de navegación y, consecuentemente, costes más elevados.

Cualquier interrupción en el flujo de mercancías por Ormuz acarrea conmociones en el mercado energético global y el súbito encarecimiento de los precios del crudo. En realidad, se registraron saltos en los referentes del carburante el 3 de marzo, por tercera sesión consecutiva desde la suspensión de todas las actividades por dicha arteria.

A juicio de expertos, el precio del barril podría superar los 100 dólares con el prolongado cierre del estratégico paso marítimo, lo cual aumentaría la inflación y amenazaría el crecimiento económico mundial.

Las campanas de alarmas han sonado. Numerosos países han activado planes de contingencia para encarar el riesgo de crisis energética.

Entre los territorios más sacudidos por la decisión de Teherán se halla el Golfo Pérsico, cuyos países dependen en su mayoría de la exportación de crudo. Las pausas dilatadas en esa actividad quizá se traducirán en fuertes golpes para la economía y un déficit presupuestario regional. Por otro lado, Asia, destino del 80 por ciento del petróleo proveniente de Ormuz, sería la región más expuesta a las consecuencias del cierre del estrecho de Ormuz.

La mayor economía del mundo, Estados Unidos, tampoco es inmune a ese peligro, aunque su casi absoluta autonomía energética –importa solo medio millón de barriles diarios desde el Golfo– mitiga el impacto. Así y todo, sus consumidores y empresas son vulnerables al alza de los precios del petróleo.

Otro problema preocupante consiste en el vacío que supone la parálisis de Ormuz hasta que las partes encuentren cómo compensarlo. En un intento por estabilizar el mercado, la Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus aliados anunciaron un aumento de 206 mil barriles en la producción diaria a partir de abril. Aun así, expertos lo consideran una gota en el océano si la situación se prolonga y propaga al resto del golfo.

Según los observadores, el cierre indefinido del estrecho de Ormuz provocará una conmoción sin precedentes en el mercado mundial. También perjudicará al causante, que depende tradicionalmente de los ingresos por exportaciones de petróleo.

En el contexto del actual conflicto, Irán aplica la “jugada de Ormuz” con miras al regateo con las partes, pero esta táctica puede convertirse en un calamitoso bumerán.

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