El punto prominente de la tercera ronda de negociación entre Irán y Estados Unidos –efectuada en Ginebra, con el fin de salvar la seguridad regional en pleno juego– arrojó, irónicamente, señales de discordia sobre sus resultados.
El ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr Albusaidi, considerado el agente más implicado en la reducción de las tensiones entre Irán y Estados Unidos e Israel, declaró que las conversaciones habían concluido con avances significativos. En base a ello, las partes se disponen a mantener debates técnicos la semana que viene en Viena, capital de Austria.
El jefe de la diplomacia omaní agradeció a las partes concernidas, entre ellas las delegaciones negociadoras, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y el Gobierno de Suiza, sede de la actividad, por sus incansables esfuerzos por mantener siquiera un atisbo de esperanza de paz.
Entretanto, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, destacó que esta ha sido la ronda más seria de negociaciones entre su país y Estados Unidos. Los temas sobre la mesa giraron en torno al programa nuclear de Irán y las medidas punitivas de Washington contra Teherán.
Araghchi confirmó que las partes estuvieron de acuerdo sobre varios contenidos y, naturalmente, existen desavenencias. No obstante, conviene aplaudir la seriedad de ambas partes a la hora de alcanzar una solución negociada, continuó el canciller.
El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, insistió en que la República Islámica no pretende desarrollar armas nucleares, y recordó que el líder supremo del país persa, Ali Jameneí, ha prohibido esas armas de destrucción masiva.
Aunque ha mostrado transigencia, indicando la disposición a permitir una mayor vigilancia internacional hacia sus instalaciones nucleares, Teherán mantiene su firme postura a favor del derecho de enriquecimiento de uranio hasta ciertos niveles para fines civiles.
Por otro lado, los medios israelíes abordaron la situación con menor optimismo. La reunión entre los enviados del presidente Donald Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, y el canciller iraní Araghchi se prolongó por horas, incluidos contactos directos e indirectos, con la mediación de Badr Albusaidi y en presencia del director general del OIEA, Rafael Grossi.
La delegación del país persa no cedió, insistiendo en limitar el enriquecimiento de uranio a usos médicos y en suspender solo de manera temporal las actividades nucleares.
Mientras, la parte estadounidense rechazó cambiar su postura. Exigió un acuerdo indefinido y aceptó únicamente niveles bajos de enriquecimiento en el reactor de investigación de Teherán. Según fuentes israelíes, Witkoff y Kushner abandonaron la sala de reuniones “decepcionados” por el gran abismo entre los dos lados.
A juicio de los analistas, Washington complica bastante la decisión de Teherán al requerirle el desmantelamiento completo de las instalaciones nucleares y la retirada de todo el uranio enriquecido de su territorio. Además, demanda un pacto sin cláusulas de caducidad.
Esto, argumentó Witkoff, demuestra el deseo de que los compromisos por parte de Irán sean vigentes a largo plazo en vez de expirar automáticamente después de un determinado número de años, como ocurrió con el acuerdo logrado en 2015.
Si bien Irán ha reiterado en varias ocasiones sus fines puramente pacíficos, Estados Unidos sospecha que las actividades nucleares de ese país corren implícitos riesgos de proliferación de armas de tal tipo y exige ampliar las restricciones.
El presidente Trump ha advertido en numerosas ocasiones de que podría utilizar la fuerza, incluidos ataques aéreos, si el diálogo no da resultados satisfactorios.
La ambigüedad en los resultados de la última ronda de negociación entre Irán y Estados Unidos hace temer que la mecha de un conflicto pudiera encenderse en cualquier momento en Oriente Medio. Los observadores depositan ahora sus esperanzas en las conversaciones programadas para Austria.