Si bien Estados Unidos e Israel insisten en que el desarme de Hamás es un prerrequisito a cambio de la paz en Gaza, el citado movimiento lo atribuye a la retirada inmediata de las tropas israelíes del territorio disputado. Esto contradice totalmente el anterior consentimiento de la fuerza islamista de abandonar las armas.
La puerta a la paz está así más allá del alcance. Entretanto, las partes se enfrascan en aunar cada pizca de esfuerzo por el objetivo común de restablecer la paz en la franja.
Nickolay Mladenov, alto representante para Gaza de nacionalidad búlgara, aboga constantemente por la reconstrucción del enclave en función del plan impulsado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, frente a la incertidumbre sobre una avenencia entre Hamás e Israel. El Consejo de Paz de Gaza, una entidad liderada por Estados Unidos y encabezada por el propio Mladenov, ha fijado este fin de semana el plazo para el desarme del movimiento islamista, cuya misión es supervisar la administración del territorio tras el conflicto entre Hamás e Israel.
Al reunirse recientemente en El Cairo, capital de Egipto, con una delegación de miembros clave de Hamás, Mladenov requirió un acuerdo dentro de la semana presente. Mientras, el país sede y otros mediadores en Oriente Medio como Catar y Turquía, con menos optimismo, han ejercido presión para que el grupo acepte la propuesta de desarme respaldada por Estados Unidos.
Por su parte, Hamás sospecha que Israel podría retirarse este año. Debido a esta desconfianza, el plan de paz para Gaza apenas avanza. De hecho, la mencionada fecha límite es el resultado de que Hamás la había retrasado deliberadamente un mes para responder sobre el desarme.
Ese proceso, previsto para un plazo de ocho meses, constará de la destrucción de su red de túneles entrelazados subterráneos en Gaza y entrega de armas según etapas. El Comité Nacional para la Administración de Gaza (CNAG) velará por la seguridad de la franja hasta la retirada completa de las tropas israelíes.
El plan al respecto tiene dos partes, incluyendo 12 puntos sobre los pasos para una paz integral en el territorio indicado y un itinerario de cinco fases relativo al desarme. Todos los grupos armados en Gaza se someterán a la desmilitarización bajo el monitoreo del CNAG, a tenor del principio de “una autoridad, una ley y una sola arma”. La reconstrucción se llevará a cabo solo en las zonas donde se haya completado ese protocolo.
Pese a la transparente hoja de ruta, observadores no confían completamente en el acatamiento de las partes. Tienen toda la razón, considerando cada vez que a Hamás le ha tocado decidir, ha mostrado reticencias, ha procrastinado o, más recientemente, ha descartado cualquier posibilidad de debate sobre el desarme, mientras que el ejército israelí prosigue con sus operaciones militares. Según el grupo islámico, quizá cambiará de opinión cuando finalice la primera fase del acuerdo de alto el fuego en Gaza y se retire a las tropas israelíes.
El portavoz de las Brigadas Al Qassam, Abu Ubaida, alegó que llevar propuestas de solución a la mesa en este momento es simplemente una excusa para que Israel prolongue las acciones militares contra los palestinos. Incluso acusó a Tel Aviv de obstaculizar el despliegue de las disposiciones humanitarias pactadas al continuar atacando a civiles, impedir la entrega de asistencia humanitaria a Gaza y cerrar el paso de Rafah.
La parte palestina afirmó haber cumplido plenamente los compromisos e instó a los mediadores a ejercer presión sobre Israel para que acometa sus obligaciones en la primera fase del acuerdo de alto el fuego antes de avanzar a las negociaciones sobre una siguiente.
Analistas han expresado su preocupación por que la desviación de la hoja de ruta por las partes involucradas deja estancado al proceso. Han urgido a cumplir la tregua y a garantizar la circulación fluida de la ayuda humanitaria para que la vida en Gaza vuelva a la normalidad.