El estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el transporte energético mundial, se encuentra paralizado, por lo que el tránsito de petróleo y gas a través de esta vía se ha reducido hasta en un 98 por ciento, y apenas uno o dos buques son autorizados a cruzarlo cada día.
Los analistas consideran que, incluso cuando el estrecho de Ormuz vuelva a abrirse, la recuperación de la producción energética y del transporte marítimo, así como la resolución de la congestión marítima, podrían prolongarse durante años. En el mejor de los casos, el mundo necesitaría varios meses para restablecer el suministro de petróleo y gas a niveles normales.
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), más de 40 instalaciones energéticas en nueve países de la región han sufrido daños graves, lo que obstaculiza la recuperación del suministro. Catar ha llegado a declarar que no podrá cumplir los contratos de suministro firmados con varios países durante los próximos cinco años. Grandes productores como Arabia Saudí, Irak, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos han agotado su capacidad de almacenamiento. La cantidad de petróleo retenido en buques ha aumentado en 74 millones de barriles desde finales de febrero. En la actualidad, alrededor de dos mil barcos, con unos veinte mil marineros a bordo, permanecen a la deriva esperando la reapertura del estrecho de Ormuz.
Las reservas de gas en Europa están considerablemente reducidas, con un nivel de almacenamiento de apenas el 28,5%, frente al promedio del 38,1% mantenido durante la última década. Alemania, con las mayores reservas de la Unión Europea (UE), tiene un nivel de almacenamiento del 22,3%. Situaciones similares se registran en Italia, Países Bajos y Francia.
En Asia, el aumento vertiginoso de los precios de la energía y la escasez de suministro han obligado a muchos países a adoptar con urgencia medidas para mitigar los efectos negativos sobre sus economías y la vida cotidiana de sus ciudadanos.
Corea del Sur ha impuesto por primera vez desde 1997 un sistema de precios máximos para la gasolina, el diésel y el queroseno con el fin de aliviar la carga de ciudadanos y empresas, y ha aplicado sanciones estrictas contra las prácticas comerciales desleales, como el acaparamiento y la especulación. Además, Seúl planea liberar 22,46 millones de barriles de petróleo de sus reservas estratégicas en abril, conforme a un acuerdo con la AIE.
Japón, por su parte, ha reactivado las centrales térmicas de carbón para hacer frente al riesgo de escasez energética, y a partir de abril permitirá que las antiguas plantas operen a plena capacidad durante un año, aunque anteriormente funcionaban de forma limitada para reducir las emisiones de CO₂. Las organizaciones medioambientales han expresado su comprensión ante esta difícil decisión, ya que el 90 por ciento del petróleo crudo y el 10 por ciento del gas natural licuado que importa Japón proviene de Oriente Medio y debe atravesar el estrecho de Ormuz.
Filipinas también está buscando nuevas fuentes de combustible. La Cancillería filipina ha declarado que está dispuesta a cooperar con cualquier socio capaz de suministrar energía.
Esta urgencia se explica por el aumento récord de los precios del combustible en el mercado interno, mientras las reservas petroleras del país, según el presidente Ferdinand Marcos Jr., solo alcanzan para unos 45 días.
La crisis energética más grave de la historia ha puesto de manifiesto la fragilidad del sistema energético de Oriente Medio y la excesiva dependencia de esta región, caracterizada por su inestabilidad. Los expertos recomiendan que, una vez estabilizada la situación, los países deben reforzar sus reservas estratégicas y diversificar sus fuentes de suministro mediante la cooperación con otros socios.