Sin embargo, ante los profundos cambios en la situación geopolítica mundial, la necesidad de reformar la mayor organización multilateral del planeta es más acuciante que nunca. En este contexto, la Asamblea General de la ONU acaba de aprobar una resolución histórica que sentará las bases para un proceso integral de reforma.
La resolución se considera histórica no solo porque reafirma el compromiso de mejorar la eficacia de la organización, sino también porque contribuye a eliminar persistentes “cuellos de botella”.
Desde 1946, la ONU ha adoptado más de 40 mil resoluciones, decisiones y declaraciones para abordar diversos desafíos globales relacionados con cuestiones humanitarias, desarrollo, paz, seguridad y derechos humanos. Según la propia organización, este enorme volumen de trabajo también la ha sometido a una gran presión, ya que muchas tareas se superponen o se duplican, y el número de informes y reuniones va en aumento, lo que supone una carga para todo el sistema.
En la nueva resolución la ONU propone por primera vez un enfoque integral basado en el “ciclo de vida” de las tareas, a fin de optimizar cada fase de la actividad, desde planteamiento y la ejecución hasta la evaluación de resultados. Esto implica un avance significativo en la aplicación de la Iniciativa UN80, lanzada hace un año con el objetivo de impulsar cambios profundos que permitan a la organización funcionar de manera más eficiente, transparente y flexible, y así reforzar su papel central en la gobernanza mundial. El secretario general de la ONU, António Guterres, afirmó que la resolución refleja el compromiso compartido de los Estados miembros de convertir la Iniciativa UN80 en acciones concretas.
La aprobación de la resolución es solo el comienzo del camino de reformas. Para desplegar un proceso integral bajo la Iniciativa UN80, la ONU debe afrontar numerosos desafíos, como mejorar la eficiencia mediante medidas de ahorro, racionalizar la estructura organizativa y reducir la duplicación de funciones, revisar los métodos de ejecución de las tareas y ajustar la estructura en todo el sistema. Aunque el camino es complejo, para la mayor organización multilateral del planeta, la reforma es tanto una necesidad urgente como una oportunidad para redefinir su papel en el nuevo contexto.
A lo largo de más de ocho décadas, la ONU ha demostrado tener un profundo impacto en el mantenimiento de la paz, la cooperación para el desarrollo y la protección de los derechos humanos en todo el mundo. Conformada por sus 193 Estados miembros, la ONU desempeña un papel activo en la resolución de conflictos, lidera iniciativas de ayuda humanitaria, promueve la cooperación para el desarrollo y coordina acciones para hacer frente a los desafíos globales. Su apoyo es especialmente importante para los países en desarrollo y los menos adelantados.
No obstante, en un mundo en rápida transformación, la ONU se enfrenta a nuevos retos. La creciente competencia entre las grandes potencias en diversos ámbitos dificulta la adopción de resoluciones. Los esfuerzos por desempeñar un papel mediador en conflictos y promover los objetivos de desarrollo también se topan con obstáculos debido a la falta de consenso entre los Estados miembros, sobre todo en el Consejo de Seguridad. Además, la organización debe abordar numerosos problemas mundiales, como el cambio climático, las crisis humanitarias, los desastres naturales y las pandemias, con recursos financieros limitados. Estas circunstancias exigen optimizar su funcionamiento y aumentar su eficiencia y flexibilidad.
Los analistas consideran que, dada la creciente fragmentación mundial, el resurgimiento del unilateralismo y la multiplicación de los desafíos globales, la reforma es un paso inevitable para que la ONU siga siendo un pilar fundamental de la paz, la seguridad y el desarrollo sostenible.
Con una base sólida de logros y prestigio construida durante décadas, la ONU seguirá manteniendo su posición insustituible como “capitán” de la gobernanza global.