En la edición de este año, Locked Shields reunió a casi cuatro mil expertos de los Estados de la OTAN y países socio en un hipotético ataque cibernético contra sistemas de defensa antiaérea, plantas eléctricas y bases de datos poblacionales. Acaparó la atención de la comunidad internacional debido a que el resguardo frente a las ciberamenazas impulsadas por la inteligencia artificial (IA) ha llegado a ser un tema de máxima actualidad.
Se trata de un indicador de cambios fundamentales en el panorama de la seguridad global en la era digital, cuando la IA plantea retos sin precedentes a la tarea de velar por el espacio digital. Ese desafío lo comparte toda la comunidad internacional, considerando el actual auge de la tecnología de la información, sobre todo la IA.
Su vertiginosa evolución en tiempos recientes la ha convertido en un factor capaz de alterar las reglas en el ámbito global de la ciberseguridad y de redefinir la naturaleza de las amenazas en la red.
En lugar de emplear herramientas manuales, los piratas informáticos utilizan la IA para automatizar sus actos ilícitos a creciente escala y con cada vez mayor complejidad.
La tecnología deepfake (falsedad profunda) genera archivos engañosos de imagen, voz y sonido que son casi indistinguibles de los reales. Muchos programas maliciosos tienen la capacidad de autoaprender y adaptarse para perforar los sistemas de defensa convencionales. Según la Organización Internacional de Policía Criminal, son estos fenómenos los que permiten que los ciberdelitos proliferen y se conviertan en una “epidemia” que todos los países temen.
Otra realidad alarmante es la propagación de las agresiones en línea en formas tan variadas como el robo de datos, el fraude, la extorsión y los ataques a infraestructuras esenciales, líneas de producción e industrias clave de los países. Todo ello ha erosionado la confianza en la transformación digital y ha causado graves daños a la economía.
La ciberseguridad dejó de ser una mera cuestión técnica y deviene un tema de vital importancia para la economía global. De acuerdo con un ranking de riesgos de negocios confeccionado por Allianz, líder mundial en el campo de seguros, la seguridad cibernética es una de las mayores preocupaciones en grandes economías, incluidas Estados Unidos, Alemania, Francia, Japón, el Reino Unido y la India, así como uno de los mayores riesgos en América, la región de Asia-Pacífico, Europa, África y Oriente Medio. Las pérdidas a causa de la ciberdelincuencia podrían ascender a billones de dólares por año.
Ante el mencionado flagelo, varios países se han apresurado a consolidar sus líneas defensivas en el frente digital con miras a proteger su soberanía, economía y seguridad nacional.
La India acaba de publicar su primera política nacional sobre ciberseguridad y lucha contra el terrorismo, a fin de prepararse para la era digital.
Mientras, Malasia planea promulgar una nueva ley acerca de la ciberdelincuencia, adicionalmente a la creación de un centro de desarrollo de ciberseguridad y criptología.
El Gobierno de Japón ha aprobado recientemente una estrategia quinquenal de ciberseguridad enfocada en adoptar medidas cautelares contra el creciente riesgo de ciberataques.
Cabe destacar que, con su excepcional competencia, la IA es considerada por numerosos países una herramienta útil para detectar y responder a las hostilidades híbridas.
La lucha en el ciberespacio resulta una inevitable realidad en la era digital. Sin embargo, ese frente no tiene fronteras, por lo cual la piratería informática se convierte en un problema que ningún país puede abordar por cuenta propia.
Aprovechando lagunas de autoridad a la hora de neutralizarlos, los ciberpiratas siguen causando estragos. En semejante contexto, el fomento de la cooperación internacional deviene un requisito urgente para que el mundo reclame la ventaja en este frente sin armas, pero lleno de obstáculos.