Aunque la guerra contra el EI ha superado su etapa más cruenta, el “fantasma” del terrorismo continúa acechando y aún amenaza la seguridad de Irak, Siria y toda la región.
La coalición internacional liderada por Estados Unidos se asentó en Iraq en 2014 con el objetivo de apoyar los esfuerzos para expulsar al EI, después de que este grupo se apoderara de amplias zonas en varios países de Medio Oriente. Pese a que Bagdad declaró la derrota del EI en 2017, aún quedan remanentes del grupo terrorista en áreas desérticas y regiones de difícil acceso, lo que obliga a las Fuerzas Armadas iraquíes a realizar constantes operaciones de persecución. Según el Centro Internacional de Lucha contra el Terrorismo, la presencia operativa del EI en Irak y Siria se redujo de manera significativa en 2025, tras 21 años de actividad.
En su momento de apogeo, el EI llegó a contar con aproximadamente 80 mil combatientes, entre ellos más de 42 mil terroristas extranjeros procedentes de más de 120 países. A mediados de 2025, esta cifra se había reducido a entre mil 500 y tres mil combatientes activos en Siria e Irak. No obstante, la amenaza que representa el EI no ha desaparecido, ya que su red y su ideología extremista siguen presentes en distintas regiones del mundo. En Siria, el colapso del Gobierno del expresidente Bashar al-Assad a finales de 2024 ha generado una situación de inestabilidad política y de seguridad que podría propiciar un resurgimiento del EI, lo que conllevaría graves consecuencias para la seguridad regional.
En las últimas semanas, Estados Unidos ha intensificado las operaciones contra el EI en Siria con ataques de grandes proporciones contra los elementos terroristas. Recientemente, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) llevó a cabo un operativo aéreo en el noroeste de Siria que acabó con la vida de Bilal Hasan al-Jasim, considerado un cabecilla de alto nivel. Esta operación responde al compromiso adquirido por el presidente estadounidense, Donald Trump, y constituye una acción de represalia contra los grupos insurgentes responsables del ataque perpetrado en diciembre del año pasado en la ciudad siria de Palmira, que causó la muerte de dos soldados estadounidenses y un intérprete civil.
Según el CENTCOM, Bilal Hasan al-Jasim era el principal cerebro detrás de varios atentados y mantenía vínculos directos con los combatientes del EI responsables del sangriento ataque contra las tropas estadounidenses.
Desde la emboscada del 13 de diciembre de 2025, el ejército de Estados Unidos ha desplegado una serie de operaciones aéreas a escala masiva en todo el territorio sirio, alcanzando más de 100 objetivos relacionados con infraestructuras y arsenales del EI. En el último año, las fuerzas estadounidenses y sus aliados han detenido a más de 300 individuos y eliminado a más de 20 combatientes del EI en Siria.
No obstante, los rápidos acontecimientos en Siria, en particular los esfuerzos del presidente interino Ahmed al-Sharaa por restablecer el control sobre el noreste del país, zona hasta ahora bajo el dominio de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), respaldadas por Estados Unidos, han obligado al Pentágono a readaptar su estrategia antiterrorista.
La recuperación por parte del ejército sirio de algunas áreas del noreste que antes estaban bajo el control de las FDS ha llevado a la Casa Blanca a contemplar la posibilidad de una retirada total de las fuerzas estadounidenses de Siria. Paralelamente, el Pentágono ha iniciado el proceso de traslado de hasta 7 mil prisioneros del EI desde el noreste de Siria a centros de detención de alta seguridad en Irak.
Sin embargo, Bagdad ha expresado su preocupación por la posibilidad de que una retirada estadounidense de Siria deje un vacío de seguridad y aumente el riesgo de infiltración de elementos del EI desde territorio sirio. Las fuerzas de seguridad iraquíes mantienen un elevado nivel de alerta para garantizar la estabilidad interna y frenar las amenazas procedentes del otro lado de la frontera. El ejército iraquí ha reiterado que la seguridad nacional es una “línea roja” y que no permitirá que los remanentes del EI en Siria provoquen inestabilidad en el país.
Aunque el EI ha sido derrotado tanto en Siria como en Irak, grupúsculos de esta organización extremista siguen activos en diversos lugares. Si bien las relaciones entre Bagdad y Washington han evolucionado desde las operaciones antiterroristas hasta la activación de memorandos de cooperación militar, ni Estados Unidos ni Irak pueden permitirse bajar la guardia mientras los remanentes del EI sigan amenazando la seguridad regional y global.