Profundizar las grietas

La alianza EE. UU.-Europa se enfrenta a una nueva prueba: la guerra contra Irán.

Donald Trump, presidente de EE.UU. (Foto: Xinhua)
Donald Trump, presidente de EE.UU. (Foto: Xinhua)

La negativa de muchos países europeos a involucrarse en el conflicto, a pesar de la presión de Washington, no solo revela grietas en las relaciones bilaterales, sino que también demuestra un esfuerzo por alcanzar la autonomía estratégica y evitar que la seguridad y la prosperidad regionales queden sometidas a las turbulencias políticas del otro lado del Atlántico.

Aunque en su Informe sobre la Estrategia de Seguridad Nacional, publicado a finales de 2025, Estados Unidos sigue considerando a Europa como un "aliado", la realidad muestra que ambas partes carecen cada vez más de consenso en muchas cuestiones fundamentales.

En poco más de un año la confianza transatlántica se ha visto repetidamente quebrantada por disputas comerciales, desacuerdos sobre el gasto en defensa, el conflicto en Ucrania, la cuestión de Groenlandia y duras e impredecibles críticas de Washington. Ahora, estas brechas se agravan por las diferentes posturas en torno a la guerra entre EE.UU. e Irán.

España se ha negado rotundamente a involucrarse en el conflicto de Oriente Medio y ha rechazado el uso de sus bases aéreas por parte del ejército estadounidense para atacar Irán. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, afirmó que Madrid no “incitaría a acciones que perjudiquen al mundo y contradigan sus valores e intereses”.

Esta decisión provocó una enérgica reacción por parte del presidente estadounidense, Donald Trump, quien llegó a amenazar con romper las relaciones comerciales con España. Entretanto, otros aliados europeos, como el Reino Unido, Francia y Alemania, mantuvieron una postura cautelosa, evitando una implicación profunda en el conflicto. Reino Unido, en particular, declaró que solo permitiría a EE. UU. utilizar sus bases militares con fines defensivos “específicos y limitados”.

Los líderes europeos se enfrentan a un dilema cuando se trata de lidiar con un aliado cuyas políticas son tan impredecibles y cambiantes como las de Estados Unidos. Por un lado, quieren mantener vínculos con EE. UU. e Israel y mostrarles su apoyo, ya que la alianza transatlántica sigue siendo crucial para el futuro de la UE. Sin embargo, también quieren evitar una mayor implicación en la conflagración en Oriente Medio, que no cuenta con apoyo internacional. Investigaciones independientes de la ONU han revelado que los recientes ataques militares estadounidenses e israelíes contra Irán contravinieron la Carta de la ONU.

Sin embargo, las difíciles decisiones estratégicas relacionadas con la confrontación entre EE.UU. e Irán y sus implicaciones para los mercados energéticos, el comercio, el turismo, no son los únicos desafíos que enfrenta la UE. El bloque también tiene otra preocupación: su gran responsabilidad en el conflicto de Ucrania.

La opinión pública sugiere que la guerra en Irán distraería a EE. UU. de su apoyo a Ucrania. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha expresado su preocupación porque una guerra prolongada en Oriente Medio ejercerá sin duda una presión significativa sobre Ucrania, ya que las fuerzas estadounidenses tendrán que reforzar sus sistemas de defensa aérea para proteger sus bases en Oriente Medio, lo que podría suponer una reducción importante del volumen de armas disponibles para Kiev.

Una vez que el enfoque estratégico de EE.UU. cambie, Europa tendrá que asumir una mayor responsabilidad en el apoyo a la defensa de Ucrania. Además, el enfrentamiento entre EE.UU. e Irán también genera distracciones y evita que la comunidad internacional se centre en resolver el conflicto ucraniano cuanto antes.

Ante la presión de EE.UU. sobre España, la Comisión Europea expresó su solidaridad al declarar que cualquier amenaza a un Estado miembro es inherentemente una amenaza para toda la UE.

Esta declaración transmite un mensaje sobre la autonomía estratégica del bloque, con el objetivo de reorientar su alianza con EE.UU. hacia una relación más equilibrada y equitativa. Ante la eventual prolongación de la guerra entre EE.UU. e Irán hasta septiembre de 2026, la cautela de Europa es comprensible aunque no sea del agrado de sus aliados, ya que entrar en una nueva batalla en Oriente Medio sin duda tendría consecuencias significativas en muchos aspectos.

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