A pesar de su papel insustituible en la gobernanza global, la ONU se enfrenta hoy en día a múltiples desafíos derivados de la intensa competencia estratégica entre las grandes potencias, las limitaciones financieras y la irrupción simultánea de crisis climáticas, humanitarias, sanitarias y de seguridad. Esta situación sitúa, además, a la mayor organización multilateral ante la mayor crisis de confianza y de financiación de su historia.
En este contexto, la elección del próximo secretario general de la ONU no solo implica un simple relevo de cargo, sino que también supone un nuevo capítulo en la evolución de la organización, que estará marcado por reformas en su funcionamiento y estructura. Quien asuma esta responsabilidad deberá contribuir a elevar la imagen, la posición y la voz de la ONU, así como a definir su rumbo futuro.
En los recientes diálogos organizados por la ONU en torno a la elección del secretario general, los cuatro candidatos coincidieron en la necesidad de impulsar reformas y construir una organización moderna, eficaz y digna de confianza.
Los aspirantes al cargo son Michelle Bachelet, expresidenta de Chile y excomisionada de la ONU para los Derechos Humanos; Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica; Macky Sall, expresidente de Senegal, y Rebeca Grynspan, economista y exvicepresidenta de Costa Rica.
Según la normativa, los candidatos deben ser propuestos por el Consejo de Seguridad de la ONU y aprobados por la Asamblea General. Sin embargo, las relaciones entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad se ven fuertemente influenciadas por la competencia comercial entre Estados Unidos y China, el conflicto en Ucrania y las tensiones en Oriente Medio, por lo que es complicado que los países lleguen a consensos y adopten una decisión.
La reforma de la ONU constituye una tarea compleja, especialmente en lo que respecta al Consejo de Seguridad. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha instado en reiteradas ocasiones a introducir cambios sustanciales en este órgano, incluida su ampliación para garantizar una mayor representatividad.
El canciller alemán, Friedrich Merz, expresó su apoyo a la propuesta de otorgar a África un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. África, una región cuyos asuntos ocupan gran parte de la agenda del órgano, carece de un asiento permanente, una situación ampliamente considerada inapropiada dada la actual configuración geopolítica mundial.
La ONU ha acelerado la implementación de la Iniciativa UN80 para impulsar una reforma integral, marcando los primeros pasos de un largo proceso. Concretar esa iniciativa requiere una estrecha coordinación entre los Estados miembros y un firme compromiso político para mantener el impulso reformista.
El sucesor de Guterres deberá afrontar retos considerables, desde abordar numerosas cuestiones como la inestabilidad geopolítica, el aumento de los conflictos, el cambio climático y la rápida transformación tecnológica, hasta impulsar reformas y contribuir a forjar un futuro más prometedor para la organización.