Se están alcanzando cifras récord en la migración internacional a causa de la prolongación de conflictos armados y del impacto cada vez más evidente del cambio climático. Se estima que más de 304 millones de personas han abandonado su lugar de residencia en lo que va de 2026, aproximadamente el 3,7 por ciento de la población mundial, como consecuencia de los aumentos constantes desde los 281 millones registrados en 2020.
Aquellos que optan por el éxodo suelen clasificarse en dos grupos según sus motivos. La migración voluntaria se realiza por razones económicas, en busca de oportunidades laborales o de entornos de vida más favorables. La migración forzada (en busca de refugio) consiste en escapar de conflictos armados, inestabilidad política o desastres naturales causados por el cambio climático, siendo esta última la amenaza más latente y devastadora.
Los trabajadores migrantes suman alrededor de 168 millones y desempeñan un papel evidente en la cobertura de la escasez de recursos humanos para sostener economías envejecidas. Por otro lado, aproximadamente 239 millones de personas en todo el mundo necesitan asistencia urgente debido al desplazamiento ocasionado por conflictos en Sudán, Ucrania, la Franja de Gaza y Afganistán, entre otros territorios, así como por el aumento del nivel del mar o las sequías en el Pacífico y el norte de África.
La marcha en busca de seguridad o una vida mejor sigue siendo una de las más peligrosas para decenas de miles de personas. Según la OIM, aunque esta cifra supone una disminución con respecto a los nueve mil 200 fallecidos registrados en 2024, la cifra de siete mil 904 fallecidos en desplazamientos migratorios en 2025 refleja un persistente fracaso mundial a la hora de abordar la mortalidad prevenible.
Esa merma numérica no debe interpretarse como una mayor seguridad, ya que las oleadas migratorias se están desplazando hacia rutas "invisibles" y más difíciles de controlar. En realidad, las cifras podrían ser mucho más elevadas, ya que hay cientos de casos pendientes de verificación. Además, en 2025 se produjeron recortes de ayuda sin precedentes y se limitó el acceso a la información sobre las peligrosas rutas de migración ilegal.
Según las estadísticas, las rutas marítimas hacia Europa son el escenario de más del 40 por ciento de las fatalidades registradas en todo el mundo. De estas, la ruta del mar Mediterráneo es la más mortífera, con más de dos mil 180 casos en 2025 y cerca de mil en lo que va de año.
Por otro lado, unos mil doscientas personas perdieron la vida mientras navegaban desde África Occidental y el océano Atlántico hacia las islas Canarias (España), donde las travesías son más largas y arriesgadas debido al endurecimiento de las fronteras en otras regiones.
El mismo año se reportaron en Asia más de tres mil migrantes que nunca alcanzaron su destino final, unos 900 de los cuales murieron o desaparecieron en las rutas del Golfo de Bengala y el Mar de Andamán.
Las rutas migratorias están cambiando bajo el impacto de los conflictos, las alteraciones climáticas y un control de fronteras más riguroso. Se constata una paradoja desgarradora: la tasa de mortalidad sigue al alza mientras las llegadas bajan. En Italia, los casos de inmigración exitosos ha disminuido 60 puntos porcentuales, pero la tasa de mortalidad ha aumentado 150.
El refuerzo del control fronterizo ha obligado a los migrantes a elegir rutas más largas y remotas, donde apenas se les presta asistencia humanitaria. Muchos barcos han quedado varados en las costas de Brasil, el Caribe, Libia y otros territorios sin que se haya emitido una alerta previa sobre sus naufragios, lo que implica un número significativo de desapariciones desconocidas. La prioridad actual de los países de prevenir en vez de rescatar hace que tarden más en responder a los incidentes en alta mar.
La OIM ha registrado más de 82 mil muertes y desapariciones durante la migración desde 2014. Se estima que al menos 340 mil familiares en todo el mundo viven en una angustiosa espera de noticias sobre sus seres queridos.
Apelando a una mayor voluntad política para salvar más vidas y extender rutas migratorias seguras, la entidad anunció planes de movilización de una cantidad récord de fondos con la que poder respaldar a unas 41 millones de personas afectadas por crisis migratorias en 2026. Los focos de ese proyecto son soluciones basadas en datos y la capacidad de recuperación posterior al cambio climático.
La crisis migratoria global requiere con urgencia medidas a largo plazo. En este sentido, se plantea la cuestión de controlar los flujos migratorios garantizando los valores humanitarios y la seguridad. Los países que cuenten con políticas eficaces de integración, formación profesional y asignación de recursos dirigidas a este sector de la población, lo convertirán en un valioso activo para la economía, en lugar de una carga.