En abril, los precios del combustible para aviones se dispararon de alrededor de 830 a más de mil 800 dólares por tonelada. Expertos consideran que ese significativo aumento -representa entre el 25 por ciento y el 30 por ciento de los costos operativos- podría subir hasta el 45 o el 50 por ciento.
Las aerolíneas se han visto obligadas a tomar medidas como el aumento de los precios de los billetes, la imposición de recargos por combustible y la cancelación o suspensión de rutas no rentables. Tales acciones les ayudan a mantener sus operaciones y evitar pérdidas, pero provocan una disminución del número de pasajeros.
En Norteamérica, las aerolíneas canadienses han cancelado numerosos vuelos durante la última semana. La lista de aerolíneas que toman igual decisión sigue creciendo, incluso con la llegada de la temporada alta de viajes. Aunque el suministro de combustible en Canadá no es tan crítico como en Asia y Europa porque el país cuenta con casi diez refinerías que producen combustible para aviación y el 85 por ciento de su producción es nacional, no ha escapado a la crisis global.
Las principales empresas, como Air Canada, WestJet, Porter Airlines y Air Transat, han anunciado planes para aumentar las tarifas o añadir recargos a fin de compensar el alza del precio del combustible. Las aerolíneas han revelado que están perdiendo cientos de millones de dólares canadienses (CAD) y se ven obligadas a subir las tarifas hasta alcanzar un nivel inaceptable para los clientes.
Air Transat anunció la cancelación de aproximadamente mil vuelos entre mayo y octubre -el seis por ciento del total- a pesar de ser la temporada alta de turismo.
WestJet también redujo su capacidad de vuelos en uno por ciento en abril, la aumentó al tres 3 en mayo y al seis en junio mediante la consolidación de vuelos en algunas rutas.
Air Canada también anunció la suspensión temporal de seis rutas y el aumento de las tarifas por equipaje facturado de 35 a 45 CAD (25-32 dólares estadounidenses).
Europa enfrenta asimismo una grave crisis de combustible para la aviación y sus reservas podrían durar solo unas seis semanas. La ansiedad se apodera de las aerolíneas europeas, dado que el 30 por ciento del combustible para la aviación del continente se importa de Oriente Medio.
Según una advertencia de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), si el bloqueo del estrecho de Ormuz continúa, podrían cancelarse muchos vuelos nacionales e internacionales en Europa debido a la escasez de combustible.
El director general de la AIE, Fatih Birol, afirmó que esto forma parte de la mayor crisis energética de la historia mundial. La aerolínea KLM, de Países Bajos, anunció la cancelación de 80 vuelos con origen y destino en el aeropuerto de Ámsterdam-Schiphol en mayo. La aerolínea nacional alemana Lufthansa está considerando reducir su capacidad entre un 2,5 por ciento y un cinco por ciento, lo que supondría la suspensión temporal de las operaciones de entre 20 y 40 aeronaves. Por su parte, SAS, de los tres países nórdicos, canceló mil vuelos en abril.
Ante esta situación, los líderes empresariales instan a la Unión Europea (UE) a adoptar medidas urgentes, como la compra coordinada de combustible, exenciones fiscales temporales y apoyo financiero para mitigar el aumento de los precios de la energía. La UE también está considerando la compra de combustible a Estados Unidos.
El inconveniente es que el combustible Jet A, que se utiliza principalmente en Estados Unidos, no es compatible con los estándares y la infraestructura aeronáutica europeos. La actual crisis vuelve a poner de manifiesto la elevada dependencia del continente de la energía importada y la fragilidad de las cadenas de suministro globales ante las fluctuaciones geopolíticas.
Incluso si el conflicto en Oriente Medio terminara, las consecuencias de la crisis distan mucho de haberse resuelto. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo estima que serán necesarios varios meses para que el suministro y los precios del combustible se normalicen. En este contexto, los pasajeros son los principales afectados por la crisis del combustible, ya que tendrán que pagar más por sus vuelos.