Las fuerzas de Hezbolá en el Líbano han intensificado los ataques contra el norte de Israel, mientras los hutíes en Yemen y las milicias chiíes en Irak amenazan con atacar bases estadounidenses, así como rutas marítimas estratégicas en el Golfo.
La comunidad internacional muestra gran preocupación por que el actual conflicto pueda “activar” el detonante de enfrentamientos contra Estados Unidos e Israel, que han permanecido latentes en varios grupos armados de la región, incluidos Hezbolá en el Líbano, los hutíes en Yemen, las milicias chiíes en Irak y algunas fuerzas en Siria. Una situación especialmente preocupante es la del estratégico estrecho de Ormuz, por donde se transita gran parte del petróleo y gas del mundo, y que podría ser bloqueado. Entretanto, los hutíes han anunciado la reanudación de los ataques contra buques en el mar Rojo, lo que pone en riesgo la paralización del transporte a través de este mar y del canal de Suez, dos importantes corredores del comercio internacional.
Los expertos advierten de que el conflicto actual podría extenderse rápidamente a varios puntos conflictivos de Oriente Medio a medida que las fuerzas proiraníes amplían su alcance desde la región del Levante hasta el golfo Pérsico. En el Líbano, Hezbolá ha lanzado una serie de ataques contra el ejército israelí. Esta escalada se produjo cuando el grupo disparó cohetes y drones desde el Líbano contra objetivos israelíes en respuesta a la ofensiva militar de Israel contra Hezbolá. A su vez, el ejército israelí ha llevado a cabo intensos bombardeos en varias zonas del Líbano y ha realizado operaciones terrestres a lo largo de la frontera. Estos enfrentamientos han provocado numerosas víctimas civiles.
Según el Ministerio de Salud del Líbano, los ataques de Israel han causado alrededor de 400 muertos, entre ellos 83 niños y 42 mujeres. Aproximadamente 517 mil personas en el Líbano se han visto obligadas a abandonar sus hogares debido al conflicto. Mientras tanto, en Irak, las milicias chiitas proiraníes amenazan con atacar bases estadounidenses en la región. La embajada de Washington en Bagdad fue atacada con cohetes. En Yemen, las fuerzas hutíes anunciaron la reanudación de los ataques contra barcos comerciales que transitan por el Mar Rojo.
En opinión de los analistas, si no se realizan esfuerzos diplomáticos enérgicos para reducir la tensión, la guerra actual podría escalar hasta convertirse en un conflicto regional de gran magnitud, con amplias repercusiones para la seguridad de Oriente Medio, el mercado energético y la economía mundial. Mientras las fuerzas proiraníes intensifican sus ofensivas contra objetivos de Israel y Estados Unidos, los expertos advierten de que las acciones contra objetivos situados fuera de las bases militares estadounidenses y contra instalaciones energéticas de países árabes también podrían dar lugar a la formación de una alianza militar más amplia contra Irán.
El riesgo de una confrontación directa entre Irán, Israel y Estados Unidos ya está fuera de control y se ha extendido más allá del ámbito regional. Azerbaiyán ha informado de que dos drones procedentes de territorio iraní han incursionado en la región de Najicheván. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, declaró que un submarino estadounidense había lanzado torpedos y hundido un buque de guerra iraní frente a las costas de Sri Lanka. Por su parte, el Ministerio de Defensa del Reino Unido informó de un presunto ataque con drones contra la base de la Real Fuerza Aérea británica Akrotiri, situada en el sur de la República de Chipre.
Ante los complejos acontecimientos de la situación actual en Oriente Medio, observadores advierten que el “fuego del conflicto” podría extenderse por toda la región a medida que las partes aumentan los ataques de represalia. Mientras Estados Unidos e Israel intensifican los bombardeos contra infraestructuras militares, el programa nuclear y el sistema de misiles de Irán, este y sus aliados continúan atacando a Israel y las bases militares estadounidenses en Oriente Medio.
Un conflicto prolongado de alta intensidad, combinado con medidas de represalia, conduciría a una crisis energética global. Oriente Medio se acerca cada vez más al frágil umbral de una guerra total, y cualquier error de cálculo podría cambiar la situación y empujar a esta región hacia un escenario peligroso.