La espiral de inestabilidad en Yemen

El nuevo Gobierno de Yemen acaba de celebrar su primera reunión de gabinete en Adén, bajo la presidencia del primer ministro y titular de Asuntos Exteriores, Shayea Mohsen al-Zindani. El retorno de los ministros al país para asumir sus responsabilidades se interpreta como un paso destinado a consolidar la seguridad, restablecer los servicios públicos y fomentar la estabilidad económica con el respaldo de Arabia Saudita.

La reunión se desarrolló coincidiendo con la advertencia de Abdulrahman al-Mahrami, miembro del Consejo de Liderazgo Presidencia (PLC), máximo órgano ejecutivo del país, sobre la inestabilidad en Adén tras la disolución de determinados sectores del Consejo de Transición del Sur (STC). Al-Mahrami afirmó que el Gobierno no permitirá ninguna acción que perturbe el orden público o arrastre a la ciudad a una espiral de caos y confrontación.

Yemen sigue siendo un escenario de extrema complejidad en el cual confluyen conflictos internos, tensiones geopolíticas regionales y una profunda crisis humanitaria. El poder en el país está dividido en dos: el Gobierno reconocido internacionalmente, con sede provisional en Adén, y una administración paralela controlada por los hutíes en la capital, Saná, y en el norte del país. Esta administración no es reconocida por la comunidad internacional, pero detenta el control de la mayor parte de la población y de la infraestructura militar.

Según un informe de las Naciones Unidas publicado en febrero, alrededor de 18 millones de personas en Yemen afrontan una grave inseguridad alimentaria. El país ha declarado el estado de emergencia nacional debido a la crisis de seguridad y al colapso del sistema sanitario y de las infraestructuras.

Los hutíes continúan amenazando y perpetrando ataques con misiles o vehículos aéreos no tripulados (UAV) contra buques mercantes vinculados a Israel, Estados Unidos y el Reino Unido en la zona del mar Rojo, lo que obliga a grandes compañías navieras, como Maersk, a utilizar rutas alternativas que rodean el cabo de Buena Esperanza en lugar de atravesar el canal de Suez. Estados Unidos sigue bombardeando instalaciones militares hutíes. Israel también ha llevado a cabo ataques de gran envergadura contra la capital, Saná, y el puerto de Hodeidah, en respuesta a las ofensivas con UAV de los hutíes contra su territorio. Todo ello incrementa el riesgo de que Yemen se vea arrastrado a un conflicto regional de mayor alcance.

El Gobierno del nuevo primer ministro Zindani afronta desafíos de enorme magnitud en un momento en que Arabia Saudita comienza a reducir progresivamente su ayuda, mientras los Emiratos Árabes Unidos (EAU) retiraron completamente sus tropas a comienzos de 2026. Antiguos aliados estrechos en la coalición contra los hutíes, ambos países persiguen ahora objetivos estratégicos divergentes. Arabia Saudita se concentra en salvaguardar su frontera sur y preservar un Gobierno unificado a través del PLC para estabilizar la región. Riad procura desempeñar un papel de mediador directo con los hutíes para desvincularse del prolongado conflicto.

Por su parte, los EAU priorizan el control de los puertos y las rutas marítimas estratégicas en el sur de Yemen, por lo que brindan un firme respaldo al STC. Esta divergencia ha provocado enfrentamientos entre facciones patrocinadas por ambos países en provincias ricas en petróleo como Hadramaut. El STC ha ejercido presión e incluso anunció su disolución a comienzos de 2026 tras los combates en las provincias de Hadramaut y Al Mahra, lo que dificulta los esfuerzos de mediación internacional.

Al intervenir en la primera reunión del nuevo gabinete el pasado 19 de febrero, el primer ministro Zindani enfatizó que los miembros del Gobierno no pueden permanecer fuera del territorio yemení y afirmó que el Ejecutivo estará en el terreno para prestar apoyo a la población y atender sus necesidades cotidianas con el objetivo de restablecer la confianza y elevar la eficacia de la administración estatal.

Respecto a la cuestión meridional, Zindani afirmó que no tolerará actos que inciten al desorden, expresó su confianza en que el diálogo auspiciado por Riad pueda abrir una vía de solución y exhortó a las partes a abandonar los discursos divisivos, fortalecer la tolerancia y superar los conflictos del pasado.

Respecto a los hutíes, sostuvo que el Estado yemení mantiene abiertas todas las opciones para restablecer las instituciones si el grupo persiste en su postura intransigente, aunque al mismo tiempo “tiende la mano a la paz” para poner fin al conflicto e iniciar el proceso de reconstrucción y desarrollo del país.

Según los analistas, pese a los esfuerzos del nuevo Gobierno, Yemen difícilmente podrá salir en el corto plazo de esta espiral de inestabilidad debido a la intensa competencia de intereses entre potencias regionales y mundiales en este estratégico “tablero” geopolítico.

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