El comunicado fue hecho público tras una conversación entre el primer ministro de Australia, Anthony Albanese, y la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula Von der Leyen, en Canberra. Aunque el mensaje fue breve, concertar el acuerdo mantuvo a las partes más de ocho años ante la mesa de negociaciones. Hubo momentos de que el proceso cayó en puntos muertos debido a brechas supuestamente insalvables.
Otro factor que llevó a los observadores a concluir que no se firmaría un acuerdo de libre comercio durante la reciente visita de Leyen a Australia fue el carácter discreto de la misma. De haber existido la intención de cerrar las negociaciones y firmar el pacto, pronosticaron que la delegación de la UE habría llegado con gran pompa. Sin embargo, al final las partes lograron un resultado positivo y allanaron el camino para importantes oportunidades económicas para las empresas y los ciudadanos de ambos continentes.
La UE y Australia han anunciado con regocijo que el TLC entrará en vigor una vez que se hayan completado los procedimientos internos. A su sombra, disminuirán las barreras comerciales y de inversión entre ambas economías, y se ampliará la cooperación en defensa y en el área de materias primas críticas, ante las impredecibles conmociones del escenario global del comercio y la seguridad.
El nuevo acuerdo entre Bruselas y Canberra elimina aranceles al 99 por ciento de las exportaciones de la UE al país oceánico, lo que, según reveló la presidenta de la CE, ahorrará al bloque europeo hasta mil millones de euros al año.
En dirección contraria, más del 98 por ciento de las mercancías de origen australiano podrán acceder al mercado europeo libre de aranceles. Según el premier Albanese, la exención casi absoluta de esa tarifa para los productos agrícolas, principales minerales y otros rubros brindará al país beneficios por unos 10 mil millones de dólares australianas (6,95 mil millones de dólares estadounidenses), a la vez que ayudará a estabilizar la cadena de suministro global.
También es digno de mención el espíritu de transigencia y comprensión mutua en lo referente a la carne de vacuno y cordero. Aunque trivial al parecer, ambos productos realmente habían bloqueado el proceso de negociación.
En concreto, la UE acordó abrir un contingente anual de 30 mil 600 toneladas y de 25 mil toneladas, respectivamente, para esos rubros. En el caso de la carne bovina, aproximadamente el 55 por ciento de la cuota entrará exento de aranceles y el resto, sujeto a un arancel reducido del 7,5 por ciento.
En respuesta a este gesto, Australia eximirá del arancel al 75 por ciento de los vehículos eléctricos importados de la UE.
Ambas partes convinieron en reforzar la cooperación en garantía del suministro de materias primas críticas como el litio, el aluminio y el manganeso, componentes cruciales para la manufactura de baterías y energías renovables. Se espera que el pacto facilite el acceso de las empresas del bloque europeo a fuentes más fiables de abastecimiento.
El TLC es calificado de satisfactorio para ambos signatarios. En una rueda de prensa posterior a las conversaciones, Von der Leyen destacó que el acuerdo transmite un mensaje de cooperación fundamental y confianza mutua en un mundo en constante evolución, donde las potencias utilizan los aranceles como herramienta de presión.
A su vez, Albanese apreció el documento como una sólida muestra del comercio libre y justo basado en el derecho internacional.
La cooperación comercial UE-Australia rindió frutos así justo a principios de 2026.