El camino hacia la concreción de la aspiración de paz para toda la humanidad enfrenta innumerables dificultades. Si bien la paz y la cooperación siguen siendo la tendencia dominante en las relaciones internacionales, el mundo se enfrenta a una inestabilidad creciente, generalizada y compleja.
El conflicto en Ucrania entra en su quinto año, la violencia persiste en muchos países africanos y la paz en Oriente Medio sigue siendo una "ventana estrecha de oportunidad". A este sombrío panorama se suma la rápida escalada de tensiones en Asia, América y otras muchas regiones del mundo.
Según las estadísticas de la organización global de seguimiento de conflictos ACLED, el número de incidentes violentos en todo el mundo se ha duplicado en el último lustro. El Índice de Paz Global ha registrado descensos durante varios años consecutivos. Los civiles quedan atrapados en el ciclo de la violencia y se convierten en las víctimas más vulnerables.
Una investigación del Instituto de Derecho Internacional Humanitario y Derechos Humanos de Ginebra (Suiza) revela que, en los últimos 18 meses, más de cien mil civiles han muerto a causa de conflictos armados en todo el mundo. Millones de personas se han visto obligadas a emprender una "gran migración" para escapar de los conflictos, sin saber cuándo podrán regresar.
En lugares como la Franja de Gaza, los combates no solo provocan la pérdida de vidas humanas e infraestructuras, sino que también destruyen el futuro, ya que una generación entera de niños muere o sufre traumas físicos y psicológicos irreparables.
El gasto militar mundial alcanzó una cota récord de 2,7 billones de dólares, decenas de veces superior al total de la ayuda oficial al desarrollo y equivalente al PIB de toda África.
El secretario general de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, señaló la dura realidad, afirmando que "el presupuesto mundial para la guerra es mucho mayor que el destinado a consolidar la paz".
Según cálculos de la ONU, para acabar con el hambre en el mundo antes de 2030, la comunidad internacional solo necesitaría el cuatro por ciento del enorme presupuesto militar. Redireccionar incluso una pequeña parte del gasto militar tendría un impacto significativo y ayudaría a cubrir muchas insuficiencias importantes.
Entre estas se encuentran la erradicación de la desnutrición infantil, el apoyo a los países en desarrollo para adaptarse al cambio climático, la inversión en educación en naciones de ingresos bajos y medianos-bajos, y el acercamiento de la comunidad internacional a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
A pesar de los incontables desafíos, la aspiración y los esfuerzos por construir un mundo pacífico para todos son irrenunciables. En la actualidad, más de 60 mil efectivos de mantenimiento de la paz de 115 Estados miembros de la ONU están desplegados por todo el mundo con la misión de proteger a la población civil, mediar en conflictos y prevenir su escalada.
Además, países como Omán, Catar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos se han convertido en "embajadores de la paz". Con políticas exteriores pacíficas basadas en el respeto mutuo, la no injerencia, el beneficio mutuo y la capacidad de generar confianza, estas naciones desempeñan un papel activo de mediación y contribuyen significativamente a la distensión de muchas relaciones tensas en Oriente Medio y en todo el mundo.
En cuanto a Ucrania, aunque las perspectivas de paz siguen siendo frágiles, la reciente serie de negociaciones trilaterales supone un punto de inflexión. Por otro lado, el proceso para establecer una paz duradera en Gaza se ha visto alentado por la creación del Consejo de Paz de Gaza.
Con la participación de jefes de Estado y líderes de más de 50 países, entre ellos miembros fundadores y observadores, el Consejo ofrece a los países y a la ONU la oportunidad de coordinar la ayuda humanitaria, la reconstrucción y la estabilización de Gaza.
Tales esfuerzos demuestran que construir un mundo libre de guerras, conflictos y violencia, donde todos los pueblos puedan vivir de forma segura, libre y sostenible, sigue siendo una prioridad absoluta para la humanidad.
Se trata de una aspiración ardiente, pero también de un problema complejo que ninguna nación puede resolver por sí sola.