La UE prioriza la autodeterminación estratégica ante los cambios mundiales

La Unión Europea (UE) inicia el año con numerosos desafíos heredados de la crisis multidimensional de 2025, entre ellos, las fracturas internas, la pesada carga del apoyo financiero y militar a Ucrania y las presiones en materia de seguridad.

La UE prioriza la autodeterminación estratégica ante los cambios mundiales

En un contexto marcado por importantes procesos electorales en 2026, considerados clave para definir la posición geopolítica de Europa, el bloque apuesta por reforzar su fortaleza interna y avanzar hacia la autodeterminación estratégica.

No es difícil entender por qué la República de Chipre, que asumirá la presidencia rotatoria del Consejo de la UE en el primer semestre de 2026, sitúa la autodeterminación como una prioridad en la agenda europea. Al reconocer que los crecientes desafíos geopolíticos ponen a prueba la resiliencia, la cohesión y la unidad del bloque como nunca antes, el presidente chipriota, Nikos Christodoulides, enfatizó que su país guiará a la UE hacia una unión autodeterminada y abierta al mundo.

El 2025 presenció un notable debilitamiento de la posición del bloque. Anteriormente, la UE había superado importantes obstáculos, como la crisis financiera mundial de 2008 y el traumático Brexit de 2016, que asestó un duro golpe al proceso de integración europea. Sin embargo, a diferencia de desafíos anteriores, los de 2025 no surgieron de eventos aislados, sino de la acumulación de múltiples problemas internos y externos en numerosos ámbitos. Europa se encontraba entre dos fuegos, ya que buscaba mantener la cohesión interna, a la vez que equilibraba su estrategia y consolidaba su posición en el ámbito internacional.

El desacuerdo en la relación con Estados Unidos, su aliado al otro lado del Atlántico, ha hecho que la UE tome mayor conciencia de los riesgos de la dependencia. La alianza transatlántica muestra fisuras debido a diferencias persistentes en cuestiones como aranceles, presupuestos de defensa, migración, cambio climático y el conflicto en Ucrania.

En la Estrategia de Seguridad Nacional publicada en diciembre de 2025, Estados Unidos criticó a sus aliados europeos por “falta de confianza” en varios asuntos. Los analistas consideran que la relación transatlántica ha experimentado una profunda reconfiguración, en la que Washington retira gradualmente su prioridad hacia Europa para centrarse en sus intereses nacionales. Bajo la presión estadounidense, los países europeos miembros de la OTAN acordaron elevar el gasto en defensa hasta el cinco por ciento del PIB para 2035. No obstante, existe una gran brecha entre los compromisos adquiridos y su aplicación real.

La posición y la voz de Europa en los asuntos internacionales también se han diluido, incluso respecto al conflicto en Ucrania, que afecta directamente a la seguridad y la política del Continente Viejo. En 2025, Estados Unidos y Rusia llevaron a cabo varias acciones diplomáticas sobre Ucrania sin contar con la UE. La influencia europea en los esfuerzos de paz para Gaza también fue limitada. En cuanto al expediente nuclear iraní, los medios de comunicación informaron que en abril de 2025 Washington decidió iniciar negociaciones con Irán en Omán sin notificarlo previamente a sus aliados europeos.

En 2026 se efectuarán elecciones consideradas decisivas para el futuro de Europa, como las legislativas en Hungría, elecciones locales en Alemania y Francia, y las elecciones de medio mandato en Estados Unidos.

Se prevé que el nuevo año podría estar marcado por un aumento de las tensiones sociales, ya que los gobiernos deberán equilibrar unos presupuestos de defensa en expansión con el gasto en bienestar social. El incremento del gasto militar podría encontrarse con la resistencia de la opinión pública, debido a la alta proporción de población envejecida. Las divisiones internas siguen siendo un reto, como demuestra el prolongado desacuerdo sobre el uso de los activos rusos congelados.

En medio del panorama sombrío que legó el 2025, se observan señales positivas, como la eficiencia de las políticas para la recuperación económica y la transición verde. La autodeterminación estratégica se presenta como una opción inevitable tanto para la UE como para Europa en general, en medio de la situación mundial marcada por muchas fluctuaciones. Ese camino lleno de obstáculos exige un alto consenso entre los Estados miembros para reforzar la fortaleza interna del bloque.

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