Tal situación no solo agudiza las divergencias entre los aliados de ambos lados del Atlántico, sino que también somete a la OTAN a una prueba crucial sobre su capacidad para mantener la cohesión y armonizar intereses en un contexto de competencia estratégica cada vez más intensa.
Las tensiones internas en la Alianza se agravaron después de que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos advirtiera a los países de la UE contra la adopción de represalias arancelarias. Esta acción se produjo después de que Washington amenazara con imponer aranceles a los países que no respaldaran el plan estadounidense de controlar Groenlandia, la vasta isla ártica perteneciente a Dinamarca.
El secretario del Tesoro estadounidense ha subrayado que cualquier represalia por parte de la UE sería un paso poco prudente. Con anterioridad, el presidente Donald Trump había amenazado con ir aumentando gradualmente los aranceles a los productos de los aliados europeos hasta que EE. UU. pudiera "comprar" Groenlandia.
Las declaraciones se produjeron en un momento en que los ministros de Finanzas de Alemania y Francia afirmaron, el 19 de enero, que los países europeos darían una respuesta inequívoca y conjunta a las amenazas arancelarias de Estados Unidos respecto a Groenlandia.
Entre las opciones que se están sopesando se encuentra un paquete de aranceles por valor de 93 mil millones de euros sobre productos estadounidenses. Además, la UE está dispuesta a responder “ojo por ojo” con la activación del llamado “instrumento contra la coerción”, un mecanismo nunca antes utilizado que permitiría restringir el acceso a la contratación pública, la inversión, las actividades bancarias o el comercio de servicios, campos en los que Estados Unidos mantiene un superávit con la UE.
Groenlandia, un extenso territorio autónomo en el Ártico, constituye parte integrante del Reino de Dinamarca. Esta “joya de hielo” es cada vez más valorada por su especial importancia estratégica en un contexto de creciente rivalidad geopolítica en la zona.
Gracias a su posición estratégica entre América del Norte y Europa, Groenlandia desempeña un papel relevante en los sistemas de alerta temprana, la defensa antimisiles y el control de nuevas rutas marítimas.
Por tal razón, el deseo declarado de Washington de aumentar su control sobre Groenlandia, ya sea mediante compra o anexión, ha suscitado reacciones encontradas dentro de la OTAN.
Para Dinamarca y los países de la UE, la cuestión no solo atañe a los intereses estratégicos, sino también se relaciona con los principios de respeto a la soberanía, la integridad territorial y el consenso entre los aliados a ambos lados del Atlántico.
Aunque los países europeos han declarado su apoyo a Dinamarca, la insistencia de Estados Unidos de tomar el control Groenlandia ha colocado a la mayor alianza militar del mundo en una situación sin precedentes.
Las divergencias dentro de la Alianza se han acentuado a medida que Estados Unidos y los países de la UE se han ido lanzando advertencias y amenazas de represalias arancelarias. Esto plantea serias dudas sobre la relación entre la cooperación en materia de seguridad y los vínculos económicos dentro de la OTAN.
En sus más de 70 años de existencia, la OTAN funciona sobre la base de la seguridad colectiva, y las disputas comerciales entre sus miembros suelen resolverse a través de mecanismos separados.
Ahora, sin embargo, la aplicación de medidas económicas contundentes para reafirmar posturas político-militares acrecientan la inquietud en el seno de la Alianza.
La presión estadounidense obliga a los países de la UE a sopesar cuidadosamente entre los intereses económicos, las obligaciones como aliados y la necesidad de salvaguardar una posición política independiente dentro del marco del derecho internacional.
El bloque ha declarado que reaccionará frente a la presión de Washington. Tal postura no entraña una respuesta inmediata, pero refleja claramente una tendencia creciente hacia la autodeterminación estratégica y reafirma la voz y la responsabilidad de Europa en las decisiones conjuntas de la Alianza.
Ante el futuro incierto de Groenlandia, la gran pregunta es si la OTAN será capaz de gestionar las diferencias internas y preservar la armonía de la alianza.
Cualquier señal de división interna podría debilitar la capacidad colectiva del bloque en un contexto en el que persisten desafíos internos y externos, conflictos prolongados, competencia entre grandes potencias y presiones sobre los presupuestos de defensa.
La manera en que la OTAN maneje la cuestión de Groenlandia no solo definirá las relaciones entre Estados Unidos y Dinamarca, sino también emitirá un mensaje sobre el papel, la solidez y el futuro de la propia alianza militar transatlántica.