Apenas una hora después de que la Asamblea Nacional de Venezuela votaran este jueves a favor de una reforma a la ley de hidrocarburos que abre la producción petrolera a inversionistas privados, incluidos los foráneos, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió licencias a las operaciones petroleras de sus empresas energéticas en el país sudamericano. Se les permite un amplio rango de actividades, que abarca la extracción, la exportación y reexportación, la compraventa, el almacenamiento, el marketing, el transporte y la refinación de crudo.
Se trata de una reacción expeditiva de Washington, ya que permite que su empresariado acceda a unos lucrativos contratos petroleros. Cabe señalar que actualmente la potencia norteamericana solo cuenta con una empresa activa en Venezuela, Chevron, que se queda con licencias especiales. Otros gigantes, como ExxonMobil y ConocoPhillips, se vieron obligados a retirarse de este mercado en 2007 a causa del proceso de nacionalización radical impulsado por el entonces presidente Hugo Chávez.
Tras una conversación telefónica - constructiva y cordial, según reportaron - con su homólogo estadounidense, Donald Trump, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, expresó su satisfacción y calificó la aprobación de dicha legislación como un paso trascendental. Anunció que Caracas está llevando a cabo acciones fundamentales para reactivar su economía, devastada en un principio por las sanciones internacionales.
La nueva normativa se basa en la Ley de Hidrocarburos de 2006, que obligaba a los inversores extranjeros a crear consorcios con la corporación estatal petrolera venezolana y a ceder a Caracas la participación mayoritaria. Según Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, esto ayudará al país a recuperarse tras años de restricciones bajo las sanciones.
Delcy, por su parte, estimó que el cambio servirá de imán para el capital foráneo y aportará beneficios económicos considerables. Tan solo en el primer mes de este año, Venezuela suscribió acuerdos de inversión por valor de 1,4 mil millones de dólares, superando con creces los 900 millones de todo 2025. La dirigente mostró su convicción de que el país pasará de tener las mayores reservas certificadas de petróleo del mundo a ser un productor gigantesco.
Frente al auge experimentado en la década de 2000, cuando la producción diaria alcanzaba los tres millones de barriles, la industria petrolera venezolana sufrió un fuerte retroceso, situándose en tan solo 300 mil barriles en 2020, antes de recuperarse parcialmente y alcanzar los 1,2 millones el año pasado. Esta situación fue inimaginable para un país que ostenta una quinta parte de las reservas mundiales de petróleo. Lo que alguna vez fue la columna vertebral de la economía venezolana ha estado sumido en las sombras debido a la falta de inversiones, la gestión ineficaz y las prolongadas medidas punitivas.
La reapertura de la embajada estadounidense en Caracas, cerrada desde marzo de 2019, promete ser otro viraje en la normalización de relaciones binacionales. Se desplegará en fases hasta su reinstauración completa. Los diplomáticos se centrarán primero en un rango limitado de tareas, principalmente las relativas a la seguridad y la gestión, y gradualmente reactivarán el trabajo consular, la esfera política y económica, y los intercambios pueblo a pueblo.
La disposición de ambos países a colaborar ha apaciguado parcialmente la inseguridad latente en la región y en el mundo. Venezuela encuentra el remedio para su industria puntera y su economía en general, mientras que Estados Unidos logra grandes oportunidades para sus petroleras. Según los observadores, en esta hoja de ruta hay ganancias para ambas partes.