Según el Ministerio de Asuntos Exteriores de la India, Merz estará en Nueva Delhi el 12 y el 13 de enero atendiendo a una invitación del primer ministro Narendra Modi. Se espera que su presencia allí, coincidiendo con los 25 años la asociación estratégica bilateral, relance la cooperación entre las dos naciones.
Los dos dirigentes se centrarán en reanimar el comercio y las inversiones; la colaboración en tecnología, educación y formación; los nexos en sectores clave como defensa y seguridad, ciencia, innovación, investigación, desarrollo verde y sostenible; y los contactos pueblo a pueblo. Además, intercambiarán puntos de vista sobre cuestiones de alcance regional e internacional.
En un contexto en que el orden internacional experimenta una transición vigorosa hacia la multipolaridad, la superposición de competencias estratégicas se recrudece y las economías más poderosas se apresuran a engrosar sus carteras de socios, la visita del canciller alemán a la India adquiere mayor relevancia, pues reafirma la visión compartida de Berlín y Nueva Delhi sobre una asociación de cara al futuro, así como refleja sus cálculos frente al cambiante panorama geopolítico global.
El viaje de Merz trasluce igualmente una práctica cada vez más visible: la India se está convirtiendo en un pilar estratégico para la política exterior europea, especialmente para Alemania, la locomotora de la Unión Europea. A medida que sus relaciones con socios importantes (Estados Unidos y China) se ven frecuentemente desafiadas, el entorno de seguridad en Europa se ve profundamente perturbado por el conflicto en Ucrania. Este contexto explica el interés de Berlín por buscar espacios de cooperación fuera de su entorno tradicional.
En ese escenario, la India es una carta difícil de omitir dado su vasto mercado, crecimiento sostenido y autonomía estratégica.
La movida de Merz también demuestra que Alemania continúa sosteniendo la sartén por el mango en el escenario mundial. Alemania no se conforma con actuar entre las orillas del Atlántico, sino que extiende su influencia al Indo-Pacífico, particularmente a través de una mayor cooperación con la India en agricultura de alta tecnología, transición energética, garantía de las cadenas de suministro y seguridad marítima. Estos ámbitos demuestran que, en lugar de buscar beneficios económicos efímeros, Berlín pretende forjar alianzas a largo plazo en un mundo cada vez más fragmentado.
Desde la perspectiva india, la visita de Merz constituye un reconocimiento por parte de la comunidad internacional del elevado posicionamiento del país, tras una larga trayectoria de autonomía estratégica basada en mantener relaciones con diferentes centros de poder sin comprometerse exclusivamente con ninguno. El fortalecimiento de los lazos con Alemania y la Unión Europea en general ayuda a Nueva Delhi a equilibrar sus relaciones con las potencias y a ampliar su margen de cooperación económica y tecnológica con socios desarrollados.
En un plano más abarcativo, la visita reviste un carácter simbólico para el orden multipolar en formación. Las relaciones Alemania-India cobrarán impulso pese a diferencias tanto en el enfoque de cada uno hacia Rusia y otros asuntos globales, como en sus prioridades de cooperación. Pero esas disimilitudes ponen de relieve la disposición común de privilegiar la cooperación. Se trata de un nuevo enfoque de la diplomacia en que las naciones no insisten en tener una sintonía absoluta, sino en congeniar diferencias para obtener beneficios.
Frente a las complicadas e impredecibles evoluciones del acontecer global, la visita del canciller alemán a la India se considera una jugada calculada y representa la tendencia de las potencias económicas de buscar nuevos socios. El acercamiento entre Berlín y Nueva Delhi trasciende las relaciones bilaterales en tanto ayuda a configurar la cooperación entre los centros de poder en un mundo multipolar donde prevalece la competencia.