La presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, fueron los primeros altos cargos de la UE en viajar a Damasco desde la caída del expresidente sirio Bashar al Asad a finales de 2024. La visita estuvo marcada por un cálido apretón de manos entre Bruselas y Damasco.
Tras reunirse con el presidente interino de Siria, Ahmed al-Sharaa, la titular de la CE declaró que la UE haría todo lo posible para apoyar la recuperación y la reconstrucción del país. Según la funcionaria, este proceso se centra en tres pilares principales: configurar una nueva asociación política, fortalecer la cooperación económica y comercial y poner en marcha paquetes de apoyo financiero.
No se trató de promesas vacías. De hecho, la UE anunció de inmediato un paquete de ayuda financiera de aproximadamente 620 millones de euros para el período 2026-2027, destinado a mejorar las condiciones de vida de la población siria y a fortalecer la capacidad de gobernanza durante la transición.
En el ámbito económico, el bloque propuso incorporar a Siria a diversas iniciativas en el marco de la Unión por el Mediterráneo, lo que le permitiría acceder a recursos clave para la reconstrucción de infraestructuras y atraer inversiones. En el plano político, reiteró la disposición de apoyar un proceso de transición pacífico e inclusivo en Siria, promover la reconciliación nacional y facilitar la reintegración de ese país al entorno regional y la comunidad internacional.
Existen varias razones por las que la UE dirige una atención especial a Siria. Por su ubicación geoestratégica, situada en la costa oriental del Mediterráneo, fronteriza con cinco países de Oriente Medio y en la encrucijada de Asia, Europa y África, Siria ha sido durante largo tiempo un eslabón clave para sostener el equilibrio de poder y la seguridad en la región.
Para la UE, la estabilidad de Siria va estrechamente ligada a la seguridad regional. Cualquier incidente en este país de Oriente Medio podría tener consecuencias directas para la UE. En la práctica, la llegada masiva de refugiados sirios a Europa a través del Mediterráneo ha sido una preocupación para el bloque durante muchos años. Dada esta profunda relación de intereses, es comprensible que Bruselas busque reforzar su influencia en Siria.
Además, la actual situación en Siria representa una oportunidad favorable para la UE. El panorama estratégico del país se ha reconfigurado tras el cambio de liderazgo y en medio de los esfuerzos por recabar el respaldo internacional para la reconstrucción nacional. Tales circunstancias son una especie de renacimiento para una nación que ha estado sometida a la violencia y la inestabilidad durante décadas, pero también crean un espacio para que las grandes potencias reformulen sus posiciones en Oriente Medio.
Muchos países aprovecharon de inmediato esta oportunidad. Es digno de mención el giro en las relaciones entre Estados Unidos y Siria, que pasaron de ser "enemigos" a "amigos". En 2025, las relaciones bilaterales alcanzaron un punto de inflexión cuando el presidente Donald Trump levantó por completo las sanciones, incorporó a Siria a la coalición contra el autodenominado Estado Islámico y recibió al presidente sirio en la Casa Blanca por primera vez desde la independencia del país en 1946. Junto con Estados Unidos, países como Turquía, Rusia y Arabia Saudí han intensificado activamente sus relaciones con Siria.
La UE no puede permitirse quedar rezagada. En los últimos años, el bloque ha sido uno de los principales donantes de Siria con más de 38 000 millones de euros. En 2025, tras el levantamiento de las sanciones, Bruselas ha promovido de manera continua el diálogo con Damasco. La visita de los principales dirigentes de la UE a Siria confirma su determinación de ejercer una mayor influencia en ese país. Von der Leyen afirmó que la UE seguirá apoyando a Siria mediante el diálogo y una cooperación a largo plazo.
Tras años de guerra civil, Siria avizora una oportunidad histórica de cambiar su destino. El apoyo de la comunidad internacional, incluida la UE, será crucial para que la nación de Oriente Medio concrete sus aspiraciones de reconstrucción. No obstante, se trata también de una relación de reciprocidad, en la que cada “rama de olivo” conlleva inevitables cálculos estratégicos.