El informe ofrece una perspectiva cautelosamente optimista basada en una encuesta realizada a más de mil grandes empresas de todo el mundo. El sondeo indica que se crearán 170 millones de nuevos empleos y se eliminarán 92 millones, lo que deja un saldo neto de 78 millones a nivel mundial. No obstante, el proceso será inestable y exigirá una adaptación muy rápida que no todos podrán seguir.
Los puestos con mayor riesgo de ser reemplazados son los trabajos repetitivos, como los de empleados postales, cajeros bancarios, digitadores de datos, cajeros de comercio, personal administrativo y contables. A altos riesgos también estarán sometidos los inspectores de transporte público, vendedores, diseñadores gráficos, tasadores, asistentes legales, personal de limpieza, ingenieros químicos, agentes de seguridad, especialistas en recursos humanos y conductores de autobuses y camiones.
Los empleos de mayor crecimiento se concentrarán en sectores impulsados por la tecnología. Entre ellos destacan los especialistas en big data, los ingenieros en tecnología financiera, los expertos en IA, los desarrolladores de software y aplicaciones y los especialistas en automatización y vehículos autónomos. También crecerá la demanda de diseñadores de contenidos interactivos y de interfaces digitales, ingenieros ambientales y climáticos, trabajadores de energías renovables y de muchos empleos no técnicos, como especialistas en comercio electrónico, consultores estratégicos, gestores de hoteles y restaurantes, trabajadores sociales y personal de enfermería.
En un contexto de fuerte expansión del comercio electrónico, los repartidores siguen siendo imprescindibles, ya que la tecnología autónoma aún no puede sustituir a las personas en entornos urbanos complejos, como encontrar aparcamiento, moverse por edificios altos o interpretar instrucciones de entrega poco claras.
Cabe destacar que los empleadores estiman que casi el 40 por ciento de las habilidades clave de los trabajadores cambiará en los próximos cinco años. La primera será el pensamiento analítico. A pesar de los avances de la IA, los reclutadores siguen valorando la capacidad humana para comprender el contexto, formular las preguntas adecuadas ante grandes volúmenes de datos, evaluar alternativas y tomar decisiones con criterios éticos o estratégicos.
En segundo lugar, se encuentran la adaptabilidad, la flexibilidad y la resiliencia. Estas cualidades son esenciales en un mundo afectado por pandemias, crisis económicas y rápidos cambios tecnológicos. En tercer lugar, están el liderazgo y la influencia social. En cuarto lugar está el pensamiento creativo, seguido de la motivación personal y la autoconciencia. En sexto lugar se sitúa el conocimiento tecnológico, y en el último, la empatía, la escucha activa, la gestión del talento y la orientación al servicio.
Las habilidades que más declinan son las capacidades físicas básicas, como la destreza manual y el levantamiento de objetos, así como las tareas cognitivas simples, como los cálculos básicos y la introducción de datos. En estos ámbitos, los algoritmos y los robots ya superan a las personas en cuanto a coste y eficiencia.
El desafío global del empleo se enfrenta a grandes presiones por el factor IA, pero la solución no es rechazarla, sino adaptarse de forma estratégica en tres aspectos. A nivel individual, los trabajadores deben desarrollar habilidades que la IA no puede copiar, como la inteligencia emocional, el pensamiento crítico, la toma de decisiones éticas y la capacidad de trabajar con la IA.
Por la parte empresarial, es necesario reestructurar los procesos de contratación para pasar del reemplazo al apoyo. Las empresas deben crear modelos que combinen personas e IA, utilizar la IA para liberar a los empleados de las tareas repetitivas y permitirles centrarse en la creatividad. También deben invertir en la recualificación de su personal en lugar de recurrir a despidos masivos.
Por último, los gobiernos deben promulgar leyes sobre IA que establezcan un marco legal para controlar los riesgos éticos y proteger los derechos de los trabajadores. Además, deben activar políticas de bienestar social, con subsidios y programas de formación para la reconversión laboral de los grupos directamente afectados por la automatización.