La fuerza de la diplomacia de mediación

En medio de una competencia estratégica cada vez más aguda entre las grandes potencias, la diplomacia de mediación cobra protagonismo y contribuye a configurar el panorama de las relaciones internacionales.

Edificios destruidos por el conflicto en Khan Younis, Franja de Gaza. (Foto: Xinhua/VNA)
Edificios destruidos por el conflicto en Khan Younis, Franja de Gaza. (Foto: Xinhua/VNA)

El creciente papel de países como Turquía, Catar, Brasil y Arabia Saudita como mediadores en conflictos y crisis internacionales refleja un cambio profundo en la estructura del poder global.

El orden internacional posterior a la Guerra Fría se caracterizó por el liderazgo indiscutible de las potencias occidentales.

Sin embargo, en las últimas décadas, el mundo ha sido testigo del surgimiento de nuevos centros de poder, lo que ha dado lugar a un declive relativo del liderazgo de las potencias occidentales. Esta intensa competencia ha generado un vacío de liderazgo en la gobernanza global.

Los mecanismos multilaterales se enfrentan a serios desafíos para cumplir plenamente su función, mientras que la diplomacia bilateral entre las grandes potencias tiende a verse dominada por la confrontación.

Esta situación de vacío de liderazgo ha abierto la puerta a que países con suficiente capacidad, credibilidad y flexibilidad, aunque no sean superpotencias, actúen como mediadores.

Un ejemplo relevante de esta diplomacia es Turquía. Estratégicamente ubicada en una encrucijada entre Europa, Oriente Medio y el mar Negro, ese país es miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y mantiene relaciones pragmáticas con Rusia, Ucrania y otros países de Oriente Medio.

Esta posición de “puente” permite a Ankara desempeñar un papel mediador en asuntos sensibles, como se evidenció en la iniciativa del acuerdo sobre los cereales del mar Negro, que contribuyó a atenuar el riesgo de una crisis alimentaria mundial en aumento.

Mientras Turquía representa una diplomacia de mediación basada en su posición geoestratégica, Catar exhibe un modelo distinto sustentado en el poder blando y una amplia red de relaciones diplomáticas.

Doha ha trabajado de manera sostenida en la diplomacia de conciliación, manteniendo abiertas las vías de diálogo de Occidente con interlocutores a los que le resulta difícil acceder, lo que ha reforzado su papel en la promoción de negociaciones y ceses de fuego en Oriente Medio.

Este país de Asia Occidental ha demostrado que, en un mundo polarizado, la capacidad de dialogar con múltiples partes se convierte en un activo valioso. Brasil, por su parte, representa un tipo distinto de diplomacia de mediación, al ser considerado una voz del Sur Global en los asuntos internacionales.

En los foros multilaterales, Brasil suele promover una postura independiente y abogar por soluciones diplomáticas a los conflictos. Asimismo, participa activamente en mecanismos como el grupo BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) o el G20, donde los países en desarrollo buscan ampliar su voz y su capacidad de incidencia.

La diplomacia de mediación de Brasil refleja la aspiración de construir un orden internacional más inclusivo, en el que los intereses de los países en desarrollo no se vean eclipsados por la competencia entre las grandes potencias. Resulta evidente que, en la actualidad, la diplomacia de mediación ya no es un “privilegio” exclusivo de los Estados tradicionalmente neutrales.

En un mundo marcado por la rivalidad entre las grandes potencias, el papel del mediador emerge entre bloques enfrentados. Muchos países han venido considerando la diplomacia de mediación como una herramienta estratégica para fortalecer su posición internacional, con un costo menor que el de una carrera armamentística o una confrontación económica.

Sin embargo, la diplomacia de mediación no siempre es fácil. Los países “bisagra” suelen depender en gran medida de la buena voluntad de los actores en conflicto.

Mantener un equilibrio entre partes opuestas también conlleva riesgos políticos y estratégicos. No todos los esfuerzos de mediación son eficaces, y la función mediadora puede debilitarse rápidamente si cambia el entorno geopolítico.

No obstante, en un mundo donde muchos focos de conflicto siguen sin resolverse y persiste el riesgo de escalada de tensiones, la diplomacia de mediación se convierte en un lubricante necesario para el sistema internacional.

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