La noticia del acuerdo entre ambos países provocó de inmediato una caída de los precios mundiales del petróleo, aunque todavía no han vuelto a los niveles anteriores al conflicto.
Las empresas energéticas aún necesitan tiempo para restablecer las actividades de extracción, procesamiento y transporte, dado que se vieron obligadas a reducir o suspender temporalmente la producción al estar los depósitos de almacenamiento colmados y no poder exportar crudo por el cierre del estrecho de Ormuz.
Según los expertos, solo Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos cuentan con capacidad para recuperarse con mayor rapidez gracias a la existencia de rutas de transporte alternativas. Iraq y otros países exportadores necesitarán hasta un año para restablecer plenamente su producción.
Daniel Evans, vicepresidente y responsable global de investigación sobre combustibles y refinación de S&P Global Commodity Insights, empresa líder mundial en la provisión de información y análisis para los mercados energéticos y de materias primas, afirmó que las empresas de transporte evaluarán las condiciones de seguridad antes de reanudar sus operaciones habituales.
Además, la cadena de suministro mundial de petróleo es de ciclo largo, lo que significa que el petróleo tarda semanas o incluso meses en llegar desde los lugares de extracción a las refinerías y los consumidores.
En cualquier caso, la caída de los precios del petróleo ofrece un respiro a las economías dependientes de las importaciones energéticas.
El economista jefe de Westpac, Kelly Eckhold, estimó que, si el acuerdo entre Estados Unidos e Irán se mantiene, el precio de la gasolina en Nueva Zelanda pronto podría descender por debajo de los 3 dólares neozelandeses por litro (alrededor de 2 dólares estadounidenses) en el caso de la gasolina de 91 octanos, la más utilizada en el país.
Algunos expertos sostienen que la solidez del acuerdo dependerá del éxito de esta tregua. Por tanto, sus efectos sobre el mercado energético mundial tardarán en notarse.
Por otro lado, el conflicto en Oriente Medio ha llevado a numerosos países a explotar al máximo sus fuentes energéticas nacionales, como las energías renovables, la energía nuclear y el carbón, para hacer frente a la mayor crisis de seguridad energética registrada hasta la fecha.
En el informe Inversión energética mundial, Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), afirmó que el mundo atraviesa la vulnerabilidad energética más grave de la historia.
Birol señaló que tanto los países productores como los consumidores de energía están intensificando la diversificación de las rutas comerciales y las fuentes de suministro, lo que incluye el impulso a la construcción de nuevos oleoductos y gasoductos, la ampliación de las infraestructuras energéticas y el aprovechamiento máximo de los recursos disponibles en cada país.
Según las previsiones de la AIE, la inversión energética mundial en 2026 será de aproximadamente 3,4 billones de dólares, una cifra ligeramente superior a la del año anterior.
De ese total, 2,2 billones de dólares se destinarán a redes eléctricas, sistemas de almacenamiento de energía, combustibles de bajas emisiones, energía nuclear, energías renovables, mejora de la eficiencia energética y electrificación. Otros 1,2 billones de dólares seguirán invirtiéndose en petróleo, gas natural y carbón.
No obstante, es muy probable que en 2026 la inversión en petróleo disminuya por tercer año consecutivo y se sitúe por debajo de los 500 mil millones de dólares, pese al aumento de los precios del crudo.
Por el contrario, se prevé que la inversión en gas natural aumente hasta los 330 mil millones de dólares, el nivel más alto de la última década, impulsada por la ola de nuevos proyectos de exportación de gas natural licuado, especialmente en Estados Unidos y Catar.
La inversión en energías renovables podría ascender a 665.000 millones de dólares en 2026, de los cuales 365.000 millones corresponderían a la energía solar y 80.000 millones a la energía nuclear. La inversión en carbón, por su parte, alcanzaría los 180.000 millones de dólares, el nivel más alto de la última década.