Las perspectivas económicas, ensombrecidas por el conflicto y sus consiguientes perturbaciones en el sector energético, las cadenas de suministro y la confianza del consumidor, han tenido un impacto negativo en todos los países. En su último informe Perspectivas de la economía mundial, el Banco Mundial prevé un crecimiento económico mundial del 2,5 por ciento para 2026, por debajo del 2,9 por ciento proyectado el año pasado, junto con una inflación del cuatro por ciento.
Los ecos cada vez más retumbantes del conflicto en casi todas las economías ha obligado igualmente a la institución a revisar a la baja sus pronósticos de crecimiento para dos tercios de los países.
China supuestamente repuntará solo 4,2 por ciento, una significativa desaceleración respecto al cinco fijado para 2025.
La India también anticipa un fuerte descenso interanual, de 7,7 a 6,6 puntos pese a mantenerse como la economía de más rápido crecimiento del mundo.
Considerada más vulnerable por su dependencia de energías importadas, la Eurozona recibe una modesta proyección de 0,8 respecto al 1,4 en el año anterior. Se dan como poco probables alguna merma de la inflación y una recuperación económica en esa región en 2027 si persiste el conflicto en Oriente Medio y los precios del combustible siguen disparados hasta finales de año.
Una luz contra esas sombras es el caso de Estados Unidos: la previsión de 2,2 por ciento para su economía sigue sin cambios e incluso muestra un ligero aumento comparando con el 2,1 presagiado para 2025. Al ser el principal productor de energía, el país con la mayor potencia económica del mundo tiene una mayor resiliencia que los países importadores de petróleo y gas natural, sin mencionar los beneficios que recibe gracias a las políticas de reducción de impuestos a gran escala y a la ola de inversiones en inteligencia artificial.
Las interrupciones en el suministro de energía y el abrupto encarecimiento del combustible han erosionado la confianza y las actividades económicas a gran escala. Particularmente, las convulsiones en las economías en desarrollo y emergentes han obligado al BM a descontar 0,4 puntos porcentuales de su previsión de crecimiento para las mismas, hasta alcanzar una cifra del 3,6 por ciento, la más baja desde la pandemia de la Covid-19.
A juicio de Indermit Gill, economista en jefe del ente bancario, Asia es la región más afectada a nivel mundial. La parte occidental del continente, donde se concentran hasta 21 naciones árabes, incluidos los Estados del Golfo, sufre graves pérdidas relativas a la conmoción del ámbito energético, daños en la infraestructura y severas interrupciones en la producción de petróleo, el comercio y el turismo.
Entre los países donde más se han moderado las expectativas de crecimiento económico figuran los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Turquía y Bangladés. El alza del costo de la energía, los fertilizantes y los productos derivados del petróleo ejercerá una presión significativa sobre las economías en vías de desarrollo, caracterizadas por una gran cuota del gasto en energía y alimentos en los hogares.
Desde que Estados Unidos e Israel atacaron Irán, con respuestas por parte de este, incluido el bloqueo del estrecho de Ormuz, el mercado energético mundial ha lidiado con escasez de suministros y aumentos vertiginosos de precios. También el suministro de fertilizantes ha sufrido graves interrupciones porque la mayoría de los volúmenes debe cruzar la región del Golfo. Ello inquieta a los expertos sobre una posible escasez de comida: el encarecimiento de los fertilizantes resulta en costos elevados de producción y de los alimentos.
Los pronósticos de crecimiento económico mundial se sustentan en dos escenarios. Uno de ellos augura el control de los impactos derivados de los conflictos y la estabilización de los precios de la energía a mediados de año. El otro prevé perturbaciones prolongadas con consecuencias económicas más graves y duraderas. Cuanto más se prolongue la incertidumbre, mayores serán los costes socioeconómicos. Las inversiones a nivel mundial corren el riesgo de desplomarse, incluso en sectores de alto consumo energético, como el de la inteligencia artificial, lo que podría agravar el desempleo.
Las perspectivas económicas mundiales permanecen sujetas al impredecible acontecer del conflicto en Oriente Medio. Aunque la recesión parece lejana, las adversidades económicas afectan ya la vida de miles de millones de personas. Si la conmoción energética dura más de lo esperado, la inflación seguiría al alza y el estrés financiero podría socavar la demanda de los consumidores y ensombrecer el panorama económico mundial.