Pese a los esfuerzos desplegados por la comunidad internacional para contener el brote, la decimoséptima ola epidémica de ébola registrada en la República Democrática del Congo sigue siendo compleja. En poco más de un mes, la enfermedad ha infectado al menos a mil 307 personas y ha causado 377 fallecimientos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha expresado su preocupación al confirmar que el virus se ha propagado ya a Haut-Uele, la cuarta provincia del país afectada, lo que significa que toda la región nororiental de este país centroafricano, donde viven cerca de 15 millones de personas, se encuentra afectada por la epidemia.
La desaparición de casi 300 personas diagnosticadas con ébola ha complicado aún más la emergencia sanitaria en la región, dificultando el rastreo de contactos y las labores de aislamiento, y aumentando el riesgo de que la epidemia escape al control.
Según el director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África (Africa CDC), el hecho de no poder conocer el paradero, los desplazamientos y los contactos de estos pacientes evidencia importantes deficiencias en los sistemas de vigilancia epidemiológica y de rastreo de contactos.
La epidemia también ha cruzado la frontera hacia Uganda. No obstante, la respuesta conjunta del África CDC y de las autoridades ugandesas es un ejemplo de eficacia en la lucha contra la enfermedad. Desde que se detectó el primer caso el 15 de mayo, Uganda, con el apoyo del África CDC y de la comunidad internacional, ha aplicado medidas estrictas y eficaces de prevención y control. Las cifras de 20 contagios y dos fallecimientos registrados en más de un mes y medio confirman el éxito de los esfuerzos de contención.
Ante la preocupante evolución de la epidemia, la OMS prevé que los casos de ébola podrían superar los ocho mil y que el número de fallecidos alcanzaría los 1.400 hacia mediados de septiembre. Asimismo, estima en un 70 por ciento la probabilidad de que la enfermedad se extienda al vecino Sudán del Sur. En el peor de los escenarios, los contagios podrían superar los 60 mil en septiembre. Uno de los principales obstáculos para contener el brote es que más de un millón de personas que viven en las zonas afectadas permanecen fuera del alcance de los equipos sanitarios debido al conflicto prolongado en el este de la República Democrática del Congo.
En este contexto, numerosos países han reforzado las medidas de vigilancia ante la evolución de la epidemia en dicho país. Estados Unidos ha activado el nivel máximo de respuesta frente al ébola y ha anunciado el envío de tratamientos experimentales, aún en fase de ensayo clínico, a la República Democrática del Congo y Uganda.
El director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, Satish Pillai, anunció que la respuesta frente al ébola se ha elevado al nivel 1, el más alto, aunque reconoció que el riesgo de transmisión en el país sigue siendo bajo. Las autoridades sanitarias estadounidenses advirtieron que, si la situación no se controla a tiempo, este brote podría superar la magnitud de la epidemia de ébola de 2014-2016.
Aunque Arabia Saudí no ha registrado ningún caso de ébola desde 2019, también ha reforzado sus medidas preventivas. El país ha prohibido la entrada de ciudadanos procedentes de la República Democrática del Congo, Uganda y Sudán del Sur, y ha reforzado los controles sanitarios para los viajeros procedentes de Ruanda, Burundi, Tanzania y la República del Congo.
Asimismo, las autoridades saudíes suspendieron la expedición de visados a quienes hubieran permanecido en esos tres países durante los 21 días previos a su llegada al reino. Los viajeros procedentes de la República Democrática del Congo, Uganda y Sudán del Sur serán sometidos a controles médicos en los puntos de entrada y a medidas de vigilancia epidemiológica.
Las Naciones Unidas advirtieron que el actual brote de ébola podría ocasionar pérdidas de hasta tres mil 600 millones de dólares en África y destruir cientos de miles de puestos de trabajo, con el consiguiente riesgo de desencadenar una crisis de desarrollo en toda la región.
Las autoridades sanitarias confían en que, con el apoyo y la solidaridad de la comunidad internacional, la epidemia pueda controlarse cuanto antes y que la tranquilidad vuelva a la población de la República Democrática del Congo, que durante años ha sufrido las consecuencias de un prolongado conflicto interno.