Uganda emerge como un escudo contra el ébola mientras este se ensaña en la contigua República Democrática del Congo. Su ministro de Salud, Chris Baryomunsi, confirmó recientemente el alta médica del último paciente contagiado dentro del territorio nacional.
La representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Uganda, Kasonde Mwinga, ensalzó la respuesta de las autoridades sanitarias frente a la emergencia, merced de la cual registró la tasa de mortalidad más baja jamás registrada en un brote de ébola (inferior al 10 por ciento).
Según las normas de la OMS, un país solo puede declararse libre de esa enfermedad tras llevar 42 días seguidos sin nuevos casos desde la confirmación de su último convaleciente, es decir, su incapacidad de transmitir el virus.
Por tanto, las autoridades sanitarias y los ciudadanos de Uganda deben esperar casi un mes y medio más para dar por terminado el flagelo.
Entretanto, la República Democrática del Congo experimenta un complicado y vertiginoso brote que, en palabras de la OMS, ha crecido más rápido que cualquier otro anterior.
Cifras publicadas por el Gobierno revelan que los casos confirmados de ébola en el segundo país más poblado de África ascienden a dos mil 11, incluidos 754 fallecimientos.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom, ha expresado su profunda preocupación por la insólita celeridad del actual episodio del patógeno, al que especialistas de salud comparan con una inundación.
La inquietud tiene fundamento en vista de que el brote entre 2018 y 2020 en la República Democrática del Congo tardó 10 meses en exceder los dos mil casos, mientras esta vez apenas tomó dos meses.
La OMS incluso sospecha que el número de casos no detectados sería entre dos y cuatro veces superior al de los confirmados, y lamentó que la velocidad del contagio supera la capacidad de respuesta de las autoridades competentes.
La situación es aún más alarmante ahora que queda sin trazabilidad el 80 por ciento de los nuevos casos en el este del citado epicentro. De ello se desprende que la enfermedad se está propagando más rápido que la capacidad de rastreo y control del sector sanitario.
Cabe notar además un gran latente riesgo de transmisión porque numerosos infestados mueren antes de ser detectados o sometidos a tratamiento.
La escalada de violencia en la propia región complica aún más la lucha contra el flagelo. Organizaciones humanitarias no han tenido más opción que retirar a su personal de los focos infecciosos para su seguridad.
Tras constatar las trabas para acceder a los centros médicos y a los barrios vulnerable, la Oficina Humanitaria de la ONU exigió que se garantizara la seguridad de las instalaciones médicas y de su personal, así como que se agilizara la entrega de asistencia a las comunidades afectadas.
La apelación, no obstante, ha sido en vano. Durante los últimos tres días, las Fuerzas Democráticas Aliadas han lanzado otros tantos ataques contra barrios residenciales en la región de Beni, en la provincia de Kivu del Norte, con un saldo de al menos 20 muertos y numerosas casas destruidas.
Los pobladores se han visto obligados a abandonar sus hogares. El desplazamiento sin control agudiza la propagación del virus. La escasa financiación también es un rompecabezas para el sistema sanitario.
La OMS ha informado con frustración que había movilizado solo el 40 por ciento de los 115 millones de dólares necesarios para una operación de respuesta al ébola en el este de la República Democrática del Congo. Sin duda, la escasez de fondos socavará el manejo de la situación.
El vacío de 69 millones de dólares, auguró la organización, se pondrá de manifiesto en actividades esenciales como la vigilancia epidemiológica, el rastreo de infecciones y la sensibilización entre la comunidad.
Esos factores son considerados decisivos para el enfrentamiento al ébola. Las autoridades sanitarias han aseverado que un solo país por separado, como es el caso de la República Democrática del Congo, no dispone de suficientes recursos para lidiar con el brote, sino que se requiere el aporte mancomunado de la comunidad internacional.